Por el bosque de Gaucín (25/mar/2017)

El sábado 25 de Marzo, tras congregarnos en el lugar de costumbre y desayunarnos en el bar de la Cala de Mijas, tomamos la autopista hasta Manilva y la carretera hacia el interior para cruzar el Guadiaro y subir a Gaucín. Desde allí, por la carretera de Ronda, seguimos hasta poco más del km 34, donde se abre a la izquierda un carril perfectamente señalizado con información y cancela, junto a la que hay espacio sobrado para dejar los vehículos. Allí comenzamos a caminar.

Es un carril que desciende entre majestuosos alcornoques, algunos enormes quejigos y una que otra encina de buen porte. Ese es el atractivo de la excursión: contemplamos la estupenda masa arbórea deteniéndonos a admirar los no pocos ejemplares grandiosos que íbamos encontrando. El carril culebreaba descendente, ora al Norte, ora al Oeste. Cada vez que el arbolado se despejó un poco, disfrutamos del gran valle del Guadiaro, con las laderas septentrionales del Hacho, las quebraduras que insinúan el cañón de las Buitreras, y hacia el Noroeste, el blanco caserío de Cortes de la Frontera.

A unos 3,5 km del comienzo, se abre a la izquierda un carril que no tomamos, pues nos hubiera terminado por llevar a la carretera de Gaucín a El Colmenar, pero tras un sinfín de revueltas que habrían sido muchas horas. Unos 200 metros más adelante, pasamos entre dos casas –que son de alquiler rural- y continuamos descendiendo suavemente por el carril principal. Un poco más adelante, el carril pasa junto a un arroyo, el de las Enredaderas, y a su lado izquierdo llegamos a la Casa del Lagarto, donde preguntamos algunos detalles sobre toponimia y alternativas de camino que no nos supieron resolver.

Como por más interés que le pusimos no logramos organizar un recorrido circular, nos dispusimos al regreso por el mismo camino, ahora cuesta arriba, aunque liviana, porque no habíamos descendido más que 250 m desde el comienzo, en un total de alrededor de una legua. Al llegar al cruce que líneas arriba se indicó, paramos a comer, en un día gris y fresco que no hizo necesario buscarse ninguna sombra. Como llegamos de regreso a los coches relativamente temprano, decidimos echar un vistazo a un camino señalizado que discurría por el lado derecho de la carretera, siguiendo más o menos la divisoria y marcado como un trecho de la Gran Senda.

Este camino va en dirección aproximadamente Norte, sobre los 800 m de altitud y dando vistas al valle del Genal, por lo que desde los claros entre los alcornoques pudimos reconocer las blancas salpicaduras de Benarrabá y Genalguacil, entre otros pueblos. Tras este segundo y breve recorrido, regresamos a los coches y tras tomar el variopinto y extravagante refrigerio de costumbre, volvimos a nuestros lares.

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