Sierra Nevada. Camino de Ferreirola (23/jun/2013)

Como es habitual, la excursión del domingo de nuestras escapadas de fin de semana a Sierra Nevada son algo ligero, de medio día, para no volver ni muy tarde ni muy cansados a Málaga. Paco había sugerido algo alrededor de Pitres, que se concretó en un recorrido por el camino de Ferreirola, un encantador camino que conecta varios pueblitos de la zona. Nosotros, concretamente, pasamos por Pitres, Mecina, Mecinilla, Fondales, Ferreirola y Busquístar, excepto un grupo de segregados que no llegamos a Busquístar y volvimos por Atalbéitar.

Como el recorrido no era circula, lo primero que hicimos al llegar a Pitres fue acercar coches a Busquístar para no tener que volver andando por la carretera. Una vez volvieron los conductores, bajamos por el camino de Mecina, una estrecha veredita con una pronunciada pendiente y muy frondosa. No tardamos mucho en llegar a Mecina, que se adivinó primeramente por sus tejados y la torre de la iglesia. Las casas tienen la típica arquitectura de la sierra, encaladas, con los techos grises planos, sus particulares chimeneas y unos curiosas áreas cubiertas, similares a zaguanes, pero con otro nombre que nos dijo una amable vecina pero que no recuerdo ahora mismo. Entramos a Mecina por la era, en cuyo centro había una pequeña estatua que parecía intentar concentrar las energías positivas de la sierra y cruzamos el pueblecito para seguir a Mecinilla. Esa parte del trayecto era muy diferente a la anterior, una carretera llana y con los márgenes amplios y despejados. En el camino pasamos por la puerta de un hotel en el que un microbús estaba dejando a un grupo de turistas japoneses.
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Mecinilla tiene un encanto y una arquitectura similares a Mecina, con las casas parecidas, calles estrechas y una linda fuente donde paramos a beber. El camino que va de Mecina a Fondales es otro sendero de tierra, llano y muy frondoso. En Fondales vimos la ermita del pueblo, con una campana encantadora, su fuente, y un buen número de casas con muchísimas flores. El camino de Fondales a Ferreirola es similar a la etapa anterior, un estrecho camino lleno de vegetación al lado de campos sembrados y árboles frutales. Pasamos junto a un gran árbol al lado de un estanque, por un puente que salvaba un arroyo y junto a una acequia, de mucho menor entidad que la del día anterior, obviamente. Llegamos a Ferreirola, donde volvimos a beber de la fuente y nos paramos a descansar un momento junto a la iglesia y el cementerio. Y allí nos separamos. Juan Antonio quería llegar temprano a casa por motivos familiares y Arturo y yo, que habíamos venido en su coche, volvíamos con él. Lo que hicimos fue no ir a Busquístar, sino tomar el camino a Atalbéitar y volver a Pitres.

El camino a Atalbéitar era otro senderito estrecho, también rodeado al principio de mucha vegetación, por el que subíamos recuperando la altura que habíamos perdido bajando de Pitres a Mecina. A pesar de alguna duda en un par de cruces, encontramos a la primera el camino a Atalbéitar, a donde no entramos, sino que solo lo vimos desde los barrios del extrarradio. De Atalbéitar seguimos camino a Pitres, cuyo elemento más reseñable (además de una curiosa señal de tráfico que prohíbe el paso a bicicletas y está tiroteado), es el paso del río Bermejo, por un estrecho barranquito donde, por supuesto, Arturo se dio el baño del día. Cuando llegamos a Pitres miramos el reloj y pensamos que era más cómodo comer allí mismo en Pitres para no tener que volver a parar por el camino. El resto del grupo continuó hasta Busquístar por un precioso camino, a tenor de las fotos que hizo Lola, y de allí volvieron a Pitres en coche. No fue peqeña la sorpresa que se llevaron cuando llegaron al restaurante donde aún estábamos comiendo nosotros.

Estas son la fotos de la excursión.



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