22 may. 2012

Excursión por la Cueva del Agua y Barranco de Hornillos (19/may/2012)

En esta ocasión contamos con el privilegio de que ha sido el maestro Arturo el autor de la crónica que podemos encontrar a continuación.

El sábado 19 de Mayo, 11 entusiastas mineros, con algunas ausencias señaladas, tras pernoctar la mitad de ellos en la Cañada de las Nieves, vulgo Casa Mayorga, hicimos el extraordinario recorrido que se explica a continuación.

Subimos en coche hasta Los Sauces, iniciando el camino con aire bien movido y frescachón. Bajamos hacia la Cañada de la Encina y tras cruzarla tomamos el sendero que la remonta por su margen derecha y daba acceso a las minas de galena conocidas como del desierto de las Nieves destacando entre ellas la de San Eulogio, a cuya entrada nos acercamos algunos; mientras unas charlaban y otros esparragaban, bajo una finísima llovizna que no llegó a calar, fuimos tomando altitud hasta el collado a 983 m cercano al Cerro de la Cruz; tras reagruparnos, descendimos por el umbroso pinar entremezclado de pinsapos rodeando todo el hondón y cruzando el arroyo de los Hornillos. Caminamos por la preciosa vereda llaneando y prácticamente hacia el norte hasta que salimos a un espléndido espolón desde el que se divisaba el Convento de las Nieves, más allá la Casa Mayorga y al fondo, la Sierra de Juan Pérez.

Seguir Leyendo Continuando la estupenda vereda, que manteniéndose a 1000 m y bien señalizada como GR va rodeando la montaña que separa el arroyo de los Hornillos del de los Baños, fuimos a confluir con la pista que sube desde la carretera hasta la Cueva del Agua. Tomamos la pista y tras seguirla durante unos 800 m llegamos, con buen sol, a dicho paraje. Tras subir a echar un vistazo a los alrededores de la cueva, nos instalamos junto a la fuente para comer y descansar un rato.

Poco después de comer y repasar la actualidad, tanto docente como general, tomamos la vereda en dirección al Suroeste, entre hermosos pinsapos y pinos bien medrados; a pocos decámetros, el camino se bifurca, ascendente a la izquierda el GR que se dirige a la Cañada de Bellina, llaneando a derecha el nuestro, que tras perder unos metros y ganarlos después pasa por pinsapos ciclópeos poco antes de llegar a un formidable saliente rocoso a 1250 m desde el que divisamos todo el esplendor de la cabecera del Barranco de los Hornillos y su magnífico pinsapar. Contemplamos la fabulosa hondonada, viendo por detrás asomar el Peñón de Ronda y la cumbre del Viento a su derecha, y la Hidalga por la izquierda.

Descendimos una rampa calcárea que nos llevó a internarnos en el pinsapar para rodear toda la cabecera hasta salir a la ladera de enfrente, ésta descarnada y con algunas lajas inclinadas de las que hay tantas en la Sierra; desde allí contemplamos los impresionantes farallones por debajo de los cuales habíamos pasado minutos antes, y concluimos que los abrigos y bocas de cueva que abundan en lo más somero, remedando hornos gigantescos, podrían explicar el nombre de barranco. Alcanzamos un collado, el Puerto de las Camaretas, desde el que se tiene la mejor estampa de las cercanas cumbres de Cabrilla y Prieta, y comenzamos bien aireados el descenso por una zona, antiguo bosque en el que hay aún enormes troncos de pinsapos, vestigios de incendios, ahora soleado aulagar salpicado de sabinas y pinsapos jóvenes. Se ve desde arriba, pegada a las paredes de la Cañada de la Encina la casa de Guarte, y por encima de nosotros, hacia el cordal de la Sierra, el pinsapar de Cubero.

A mediación del descenso, sale a la derecha una senda que rápidamente baja a la Cañada de la Encina para cruzarla poco más arriba del cortijo de Guarte; por allí bajaron unas mientras otros prefirieron seguir la vereda principal hasta la cabecera de la cañada, saliendo así al camino que viene del pinsapar de la Mirandilla y del cortijo del Peñón de Ronda. Ambos grupos nos reencontramos al amparo de las paredes bajo las que se cobija el Cortijo de Guarte, donde saludamos a sus gentes y admiramos el hermoso cerezal. Descendiendo por el bien trazado camino llegamos en pocos minutos a donde se bifurca, yendo el de la izquierda a salir al carril que termina por bajar a Los Sauces, y el de la derecha, que seguimos, bajando al arroyo para cruzarlo y tomar la margen derecha; tras ganar altitud, poca, un par de veces, el sendero nos llevó al collado de 983 m de cota por el que pasamos horas antes; desde allí descendimos por la zona de las minas hasta cruzar el arroyo ya debajo de la zona de acampada de Los Sauces, donde tomamos los vehículos para regresar a la Casa Mayorga y acabar la excursión y el día con el refrigerio de costumbre.

Estas son las fotos de la excursión.

Marcelo ha sido esta vez el encargado de grabar el recorrido en GPS de la ruta.

Como se puede ver en las fotos y en el recorrido en GPS de la ruta, parte del camino que hicieron coincidía con dos caminos, el GR-243, Sendero de la Sierra de las Nieves, y el sendero local SL-A-141, de Yunquera a Los Sauces, que coincide con parte del GR-243. En la página de la Sierra de las Nieves tienen mucha información y muy buena sobre el GR-243 y en la página de la FEDAMON incluyen, entre otra información, el track para GPS. En la página del Ayuntamiento de Yunquera tienen una descripción de la ruta a Los Sauces y en una página de la Junta de Andalucía tienen publicado un folleto sobre el SL-A-141.


20 may. 2012

Arcedo de Auta (15/abr/2012)

Esperábamos que esta fuera ya la primera excursión del año en la que saliéramos en camiseta, con sombrero y crema solar para no quemarnos. Pero no, sino todo lo contrario, tuvimos nubes, viento, agua, aguanieve e incluso granizo.

Como unos años antes, el destino era los tajos de Sabar, y más en concreto el Arcedo que hay a los pies del tajo de Gomer, que esperábamos encontrar con los árboles llenos de hojas, como así sucedió. En esta ocasión fuimos por la carretera A-4152, la que lleva a Alfarnate y Alfarnatejo desde Casabermeja. Aparcamos el coche a un lado de la carretera (junto a un antiguo mojón que marcaba el kilómetro 517 de la antigua MA-115). Cruzamos la carretera y tomamos un camino en dirección sur que nos había de llevar, hasta un cruce con la Ruta de la Sierra, que une Riogordo y Alfarnate. Seguimos por el camino hacia el sur, en dirección a Riogordo, flanqueando la Sierra del Rey, al Oeste, más o menos un kilómetro, hasta que llegamos a un cruce que bajaba en dirección Este hacia el Arroyo de la Cueva, que se podía cruzar por un puentezuelo. El camino continuaba en dirección Sureste, pasando por delante de las ruinas de los cortijos del Cuartelillo y de Fariñas, todo flanqueado de abundantes árboles y con unas buenas vistas al sur de los montes de Málaga.

Seguir Leyendo Pasado este último cortijo tomamos en dirección este hacia la base del Tajo de Gomer, donde el arcedo. Por esa parte no había sendero y en algunos tramos la retama hacía difícil avanzar, pero la figura del tajo hacía imposible que nos perdiéramos. Llegamos en poco tiempor a la zona arbolada bajo el tajo. Una auténtica gozada, con la pared casi vertical del tajo por un lado y los árboles de la vaguada en la que estábamos. Allí discutimos brevemente cuál era el siguiente paso y decidimos que ese día tocaba subir el Tajo de Doña Ana. Así que continuamos hacia el este dejando atrás el Tajo de Gomer, cruzando la separación entre los tajos, la preceptiva valla y empezando a subir al Doña Ana. La subida no es difícil pero sí un poco incómoda porque es el típico lapiaz casi sin vegetación. El caso es que la subida mereció la pena, con un precioso paisaje a nuestra disposición.

Sin demorarnos mucho tiempo en la cumbre empezamos la bajada, con la intención de recoger a Ernesto y a Pepe, a quienes no les había apetecido subir y nos estaban esperando en la vaguada de abajo. Sin embargo, en ese momento empezó a complicarse el tiempo. Las nubes oscuras que habían estado amenazándonos por el oeste empezaron a descargar, por suerte sin mucha intensidad, primero en forma de aguanieve y poco después ya en forma de granizo. Al fondo al este pudimos ver después la Maroma blanqueada por el granizo.

En esas condiciones no encontrábamos a Ernesto y Pepe quienes, ante la lluvia, habían decidido seguir adelante. Como en esos caminos perdidos no había cobertura, tardamos un buen rato en localizarlos. Para empezar a rodear el tajo del Fraile tuvimos que pasar otra valla. Seguimos por la ladera del Fraile a veces bajo la lluvia y a ratos en seco hasta llegar a la vaguada que baja a los cultivos que hay a los pies de los tajos, donde la lluvia volvió a pillarnos, esta vez con un poco más de fuerza.

Una vez cruzamos por entre los cultivos llegamos al carril que correspondía a la Ruta de la Sierra y que andándolo hacia el oeste nos llevaría hasta el cruce con el camino que conectaba con el aparcamiento.

Estas son las fotos de la excursión.



1 may. 2012

Sierra del Camorro, Cuevas de San Marcos (10/mar/2012)

Tras la excursión de febrero a la Sierra de San Jorge, en marzo también seguimos por la parte norte de la provincia de Málaga, una zona que para algunos de nosotros era prácticamente desconocida y para otros no tan habitual como otras a que hemos visitado con más frecuencia.

Empezamos la mañana en uno de los bares de Cuevas de San Marcos, redesayundo con Cipriano, un cuevacho amigo de Arturo, Juan Antonio y "de otro que fumaba LM" a quien no pudimos identificar finalmente. Cipriano nos atendió amabilísimamente y nos acompañó durante la primera parte del recorrido. Recorrido que empezaba en la parte sur del pueblo, pasado el campo de fútbol, junto al Centro de Interpretación, donde hay carteles explicativos y señales del camino que recorre la sierra y del yacimiento arqueológico de Medina Belda. Hicimos el camino, que es circular, en el sentido contrario al de las agujas del reloj, primero hacia el oeste, después hacia el norte, el este y finalmente el sur.

La primera parte del camino bordeaba un agradable pinar de repoblación, desde el que se dominaba el pantano de Iznájar, la sierra de Rute, el pueblo y el mar de olivos que se extendía hacia el norte. Esa fue la vista que nos acompañó hasta que subimos a la divisoria de aguas de la sierra. En una primera parada, entre otras cosas, Cipriano no explicó que la parte que le faltaba a la montaña del pueblo, el Camorro de la Isla, era una cantera de la que se había extraído el material para hacer la presa del pantano. y nos identificó la ermita de Lucena, que se adivinaba a lo lejos
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Seguimos por el carril indicando a Teresa, que ese día se incorporaba más tarde, el camino a seguir en los cruces. Habría sido una pena que nuestra geóloga de guardia se hubiera perdido esta excursión con unos intereses tectónicos tan llamativos como las fallas de la sierra. El carril continuaba hasta un pequeño llano en el que había una primera cueva, la Cueva Nueva, a cuya boca nos asomamos, pero a la que no llegamos a entrar. Allí nos alcanzó Teresa y se despidió Cipriano de nosotros y se volvió al pueblo a otros compromisos que tenía ese día.

A partir de ese momento el carril se convirtió en un senderito que buscaba subir la sierra.Como la primera parte de la subida es tan empinada hay colocada una escalera metálica que facilita la subida sin necesidad de material de escalada ni jugarse el pellejo. Una vez acabada la escalera, el tramo restante era empinado pero no difícil y, cresteando un poco al final, llegamos a la primera parte de la subida, marcada por la llamada Cruz del Humilladero que, según las inscripciones que tenía, fue donada o costeada por un tal Antonio Prieto en 1876. El paisaje al norte esta dominado, efectivamente, lo han adivinado, por grandes extensiones de olivos. Tras un pequeño descanso que nos permitió disfrutar del paisaje continuamos el camino en dirección este, hacia el punto más alto de la sierra, llamado Cuevas Altas. El paso de una parte a otra de la sierra, a través del Tajo del Reloj, no era del todo fácil y tuvimos que bordear esa parte central de la sierra saliendo a la cara sur, bajando hasta el límite de otro pinar de repoblación que había en esa cara. Seguimos un senderito que más o menos se adivinaba por el pinar y en cuanto pasamos el tajo retomamos la subida hasta llegar sin problemas al pico de Cuevas Altas. La diferencia más notable en el paisaje desde ese punto era que se podía contemplar toda la longitud del pantano de Íznajar.

El siguiente hito que faltaba era la Cueva de Belda, para la que Marcelo había sugerido traer frontales con luces para poder explorar un poco más allá de la entrada, sugerencia que, por supuesto, casi ninguno de nosotros recordó seguir. Bajamos de Cuevas Altas rodeando la parte este de la sierra sin perder demasiada altura con la intención de llegar a los pies de la cara sur, la más abrupta, donde está la falla. Cuando llegamos a esa parte bordemos por la base la sierra por un senderito hasta encontrar la entrada a la cueva, que tenía otra escalera de acceso. La primera impresión fue, lamentablemente, mala, porque algunos energúmenos piensan que tienen que manchar las paredes para que los demás sepamos que ellos estuvieron allí haciendo el ganso. Por suerte, en cuanto se pasaba la entrada no había más pintadas y entre los frontales de Marcelo y Ernesto y un par de linternas pudimos recorrer un poco la cueva.

La parte final del recorrido consistía en volver al punto de inicio junto al centro de interpretación. Volvimos un poco hacia atrás por el senderito que nos había llevado a la cueva y dando un par de curvas por en medio de un coqueto bosquecillo llegamos al punto del que habíamos partido.

Estas son las fotos de la excursión.

El Comando Preston de Pasos Largos cuenta en su blog su experiencia en esa ruta. La Federación Andaluza de Montaña ofrece el track para GPS del PR-A-234. La página web del ayuntamiento de Cuevas de San Marcos ofrece información sobre la cueva de Belda.