Cauce bajo del Higuerón (22/sep/2012)

El cuarto sábado de septiembre era la fecha que habíamos acordado para inaugurar la temporada 2012/13, con una excursión fresquita porque aún hace calor. Inicialmente se propuso ir a El Chorro, pero después se cambió por el río Castor en Estepona. Río que no conocíamos pero que tenía un aspecto magnífico en las referencias que habíamos visto en internet. Sin embargo, cuando Arturo nos convocó, empezaron a disculparse casi todos, se dio la desafortunada circunstancia de que la mayoría tenía otros compromisos previos o sobrevenidos que les impedían venir.

A pesar de todo, quedamos para desayunar junto en Teatinos y allí acordar al menos las fechas y destinos de las primeras excursiones de la temporada. La docena que allí nos juntamos conseguimos por lo menos ese objetivo menor, fijar fecha y lugar de las tres próximas salidas. Contando, contando éramos sólo cuatro los que podíamos ir ese día: Fausto, Lola G., Teresa y su seguro servidor, José Webmaster. Tras pensar si merecía la pena ir hasta Estepona viendo la hora que era ya y teniendo en cuenta que ninguno sabía el camino de acceso al río, decidimos, en primer lugar, que ya que estábamos allí, íbamos a salir a algún sitio y, en segundo lugar, que más vale buenísimo conocido que magnífico por conocer y nos acordamos hacer la parte baja del Higuerón. Un sitio conocido, más cercano, mucho más tranquilo que su vecino el Chíllar y que merece la pena revisitar con cierta frecuencia.

Seguir Leyendo Llegamos y los cuatro y aparcamos en Frigiliana, cerca del antiguo Ingenio y bajamos hacia el río por el camino y bajamos por el carril de cemento hasta el cauce del río. El primer tramo lo hicimos por la acequia baja para ahorrarnos unos breves metros de desnivel y en poco llegamos al cauce del río. Esa primera parte estaba seca, de hecho tardamos un buen rato antes de llegar a la zona por donde discurria agua por el cauce. El primer hito del camino fue la balsa de agua, con gente incumpliendo la prohibición del baño y un nivel de agua sensiblemente inferior al de otras ocasiones. Un poco después encontramos el cruce con el camino que va a la Fuente del Esparto, y que si no me equivoco comparte con el GR-242. Aunque ahí el cauce del río todavía estaba seco, sí que tenía ya agua la acequia que iba a su lado, que es la que llena la balsa. Lo siguiente que nos llamó la atención fue una pequeña subestación eléctrica de la que no supimos imaginar de dónde sacaba la energía. Enfrente había una especie de escalera de cemento que nos pareció una protección para una tubería que parecía verter el agua desde la acequia de arriba a la de abajo.

Empezamos a ver agua en el cauce unos diez minutos después, y ya no dejó de acompañarnos el resto del camino. A continuación una agradable poza con una familia bañándose y una zona de recreo con vestuario incluido, que aprovechamos para cambiarnos y ponernos los pertrechos de agua. El camino seguía con el mismo aspecto, las piedras blancas de la parte seca del cauce junto a zonas con más y menos agua y las escarpadas laderas más o menos cubiertas de vegetación, pero con un aspecto bastante seco que delataba el tiempo que hacía que no llovía por allí.

Llegamos al principio de la acequia de arriba y la caseta de la toma de agua, momento que más o menos coincidió con una magnífica vista del pico del Cisne. A partir de ese momento el río se puso un poco más escarpado y aumentó notablemente la cantidad de agua, vegetación más exuberante, más pozas, zonas angostas, ... Una gozada, vaya. Así que seguimos por el río más un menos durante una hora más, disfrutando como niños, dándonos un bañito en una de las pozas para refrescarnos y gozando del paisaje. Acabamos llegando a una segunda zona de cahorros, donde salvamos un par de pequeños obstáculos y llegamos a una preciosa cascada de unos tres metros de alto. Aunque se puede pasar la cascada por la roca que hay al lado, decicimos no hacerlo. A esa roca alguien le pegó seis o siete piedras para hacer de asideros y puso una cuerda para que el paso fuera asequible. Sin embargo, faltaban las dos o tres piedras de arriba y ya estábamos satisfechos del camino que habíamos hecho ese día. Nos dimos un relajante baño bajo la cascada y comimos a la sombra. Después de un agradable rato, volvimos por el mismo camino, sin prisa y disfrutando otra vez de algunas de las pozas en las que nos dimos otra sesión de spa aprovechando la deliciosa temperatura del agua del río. Sin más novedades, llegamos de vuelta a Frigiliana, donde una cervecita fresca punto la guinda al día.

En resumen, el Higuerón es una alternativa magnífica al Chíllar. El paisaje es similar, quizás tenga menos pozas donde bañarse y los cahorros sean menos espectaculares, pero ahora mismo ofrece una tranquilidad que no se tiene en el Chíllar. El tramo que contamos arriba es de unos 6 km de largo (no estoy seguro porque el GPS perdía la señal con frecuencia en el fondo del valle) y no tiene más dificultad que la de andar por el agua en algunas partes, lo resbaladiza que están algunas piedras y alguna pequeña trepada que hay que hacer. Para aquellos a los que se les haga corto, pueden seguir hasta la balsa de agua y subir desde ahí hasta el pico del Cielo.

Las fotos, en breve.


Ver Curso bajo del Higuerón en un mapa más grande

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