25 oct. 2010

Río de los Caballos. Tolox (18/09/2010)

La excursión de septiembre nos llevó a Tolox, concretamente al río de los Caballos. No era el plan inicial, lo que no es una sorpresa, pero parece que en septiembre seguía vigente la maldición que nos impidió ir en junio a Barbate. Después de renunciar por segunda vez a visitar el pinar gaditano y probar el atún, hicimos una ronda de sugerencias para ver cuál podía ser el destino que lo sustituyera. La condición era que tenía que ser fresco, preferiblemente acuático.

Entre las diferentes ideas que se propusieron se impuso al final la del río de los Caballos porque, por un lado, era desconocida para casi todos, sólo Teresa había estado allí una vez previamente, y, por otro lado, las fotos que vimos en otras páginas web del salto y el charco de la Virgen nos resultaron suficientemente atractivas.
Seguir Leyendo
Así que con la excursión que recordaba Teresa y otras indicaciones que encontramos, nos aventuramos hacia Tolox. Ya en Tolox subimos por el camino que hay junto al balneario, pasamos en primer lugar por el Hotel Rural Cerro de Hijar, lugar donde se acaba el asfalto y empieza el carril de tierra.

Seguimos por el carril buscando el sitio en el que empezaba el camino, aunque en la primera pasada no lo encontramos porque esperábamos ver unos carteles de la Junta de Andalucía anunciando el sendero. Cuando ya se nos hizo claro que nos habíamos pasado y mucho, porque estábamos cerca del Puerto de las Golondrinas, desandamos el carril hasta que Teresa reconoció el lugar en cuestión, en el cruce con un cortafuegos. Efectivamente, bajando unos metros por el cortafuegos dimos con el primer poste que confirmaba el camino.

Anduvimos por el camino, que estaba bien marcado y que era cómodo, siguiendo la misma cota de altura. La mayor parte del tiempo íbamos al descubierto aunque en ocasiones encontramos pequeños pinares que nos daban un poco de sombra. No mucho rato después de empezar el sendero pudimos ver en frente de nosotros el Salto de la Regía que acabamos alcanzando algunos, aunque no era el objetivo inicial de la salida. Las indicaciones del camino seguían claras, aunque con una doble flecha cuyo significado no alcanzábamos a comprender. Al llegar a un pequeño saliente rocoso, que podía hacer las veces de mirador, se nos perdió el camino y pensamos que las flechas dobles significaban que era un camino sin salida a otro, por el que había que volver por el mismo sitio.

Sin embargo, tras perseverar un poco, encontramos la continuación del camino unos metros más abajo del saliente rocoso, y seguía en la dirección que llevábamos antes, hacia el fondo del valle. Poco después empezamos a ver claramente el Salto de la Virgen, a donde pretendiamos llegar, así que empezamos a barruntar cómo podíamos bajar, porque no había camino visible hacia el río. Mientras el grueso del grupo buscaba ese acceso, dos decidimos continuar un poco por el camino, "para ver qué hay ahí detrás".

El descenso hacia el río se convirtió en una tarea bastante más complicada y emocionante de lo esperado. En un par de ocasiones hubo que volver atrás porque la bajada, que no el camino, que no había nada ni parecido, estaba cortada por un pequeño tajo. Finalmente, la perseverancia volvió a tener recompensa y, culada más, culada menos, el grupo consiguió llegar al río, muy cerca de la meta, el Salto de la Virgen donde, como merecida recompensa, se procedió al baño de rigor en las más que frescas aguas del Charco del Virgen.

Por su parte, los dos que habían seguido el camino, llegaron hasta el final del valle, momento en que decidieron que, ya que estaban allí, podían aprovechar para ver el Salto de la Regía. Dicho y hecho, cruzaron uno de los arroyos que alimenta el río de los Caballos, anduvieron y desandaron por la siguiente loma hasta encontrar el camino y acabaron llegando al Salto de la Regía, impresionante a pesar de la poca agua que llevaba. El salto en sí estaba rodeado por una alambrada que hubo que rodear. A partir de ahí empezó la búsqueda de un camino para bajar al río, para no desandar todo el camino que se había recorrido hasta ahí. La experiencia no fue mejor que para el otro grupo, llegaron hasta el vivero de la Casa de Antonio Elena pero desde allí no había nada parecido a un camino sino que tuvieron que bajar (y subir y volver a bajar) campo a través, con arañazos y culazos incluidos. Por suerte, la ladera no era ni demasiado alta ni demasiado complicada, por lo que al final acabaron reunidos con el resto de compañeros y pudieron refrescarse en la poza.

Tras retozar en el agua y descansar y yantar en tan encantador lugar (y no diremos marco incomparable porque ya está muy usado), volvimos a Tolox por donde las personas honradas, siguiendo el curso del río. En este caso, a diferencia, por ejemplo, del Chíllar, no tuvimos ni que mojarnos los pies, el camino discurría la mayor parte del tiempo al lado del río aunque a veces se perdía y tuvimos que buscar alternativas por unos antiguos sembrados. Acabamos llegando al pueblo por la parte trasera del balneario.

Estas son las fotos de la excursión.




12 oct. 2010

Sierra Nevada (26 y 27/junio/2010)

Este curso repetimos nuestra sana costumbre de subir a Sierra Nevada la última semana de junio, aunque con numerosas bajas debidos a los tribunales de oposición. Como el año anterior, nos quedamos a dormir en el Albergue Universitario, con el objetivo de subir al Veleta el sábado y bajar hasta Güejar-Sierra el domingo.

Los planes salieron como se habían planeado, coma inusual en nuestro grupo, excepto el broche con el que se había pensado cerrar la excursión del domingo, almorzando en el Hotel del Duque (el Seminario Diocesano). Desafortunadamente, no obtuvimos respuesta a nuestras llamadas telefónicas ni a nuestras oraciones, así que tenemos otra excusa para volver por allí.

Seguir Leyendo

Lo más notable de la ascensión al Veleta del sábado fue la cantidad de nieve que había, como era de esperar tras las lluvias del pasado invierno. No es que quedaran neveros como otros años, sino que toda la subida de la última parte del Veleta se hacía sobre nieve y la Laguna de Yeguas y las otras lagunas cercanas estaban heladas.

Empezamos la subida directamente desde el Albergue Universitario, por los senderos que suben casi en línea recta, cruzando en varias ocasiones la carretera del Veleta. Durante esa parte pasamos la estatua de la Virgen de las Nieves y el antiguo observatorio, coincidimos con una prueba ciclista de aficionados, con un individuo que subía al trote con sus dos perros y con dos parejas de jóvenes que estaban entrenando también para correr. Fue un día en el que nos encontramos con mucha gente, en especial en la cima, a diferencia de lo que nos suele ocurrir cuando salimos, que no nos cruzamos con nadie. En esta primera parte teníamos como principal paisaje la zona de la estación de esquí, con Pradollano abajo, el obsevatorio astronómico y el radiotelescopio enfrente. Y el Veleta, por supuesto.

Tras cruzar algunas de las pistas de esquí enfilamos la segunda parte de la subida, por la ladera del Veleta, que coincide con otra pista de la estación de esquí. Toda esa parte, como dijimos antes estaba cubierta de nieve, aunque no demasiado profunda, por lo que no era muy penoso subirla. Desde ahí veíamos la parte de la Laguna de Yeguas, con las chorreras del Dílar y el Caballo al fondo.

En la cima había mucha gente y el paisaje venía dominado por la nieve, tanto por el norte, la zona de la estación de esquí, como por el sur, la hoya del Veleta y todo el camino hasta el refugio de Poqueira, como por el este, con la Alcazaba y el Mulhacén, como por el oeste, con el Caballo.

Comimos y nos retratamos convenientemente en la cima, para dejar constancia de la hazaña, e iniciamos la vuelta. Algunos decidimos no volver por el mismo sitio, sino dar un rodeo por la Laguna de Yeguas, atraídos por la cantidad de nieve que había.

Pasamos en primer lugar por el refugio de la Carihuela, prácticamente cubierto por la nieve. La lagunilla de la Virgen y el del Tesoro estaban helados y cubiertos por la nieve, ni pudimos localizarlos. La cuesta hasta la laguna de Yeguas, también cubierta de nieve, la hicimos más patinando que andando, fue muy divertido. Incluso la laguna de Yeguas estaba casi helada y mostraba un color azul muy llamativo. Desde ahí cruzamos antes del observatorio a la otra vertiente, a la zona de Borreguiles para coger el camino que nos llevó de vuelta al Albergue Universitario.

El domingo estaba prevista una excursión por la otra vertiente, hacia el noroeste. La idea inicial ir desde la Hoya de la Mora hasta Güejar-Sierra, pasando por el Peñón del Perro y parando a comer en el Hotel del Príncipe.
No hubo suerte porque no conseguimos contactar con el Hotel del Príncipe por lo que activamos el plan B. Seguiríamos el PR-A 19, también desde la Hoya de la Mora y pasando por el Peñón del Perro, pero seguiríamos por él hasta la carretera nueva de la Sierra, a la altura del Centro de Visitantes.

Salimos de la parte trasera del Albergue Universitario y rodeamos los Peñones de San Francisco. De ahí bajamos ladera abajo en línea recta por una amplia pista, la Cañada Real del Camino de los Neveros. La cañada nos llevó al ">albergue viejo de San Francisco. El albergue viejo de San Francisco, sede de la Sociedad Sierra Nevada, grupo pionero en el alpinismo en Sierra Nevada, fundado en 1.912.

Desde allí podíamos parte de la sierra que hemos visitado en otras ocasiones. Por ejemplo, el río Genil, con la Vereda de la Estrella, o la loma de Papeles, por la que fuimos a los Lavaderos de la Reina. En el albergue coincidimos con un coche de la policía que, según nos contó, estaban allí vigilando que la gente no se metiera con sus flamantes todoterrenos nuevos por las zonas prohibidas.

Al albergue de San Francisco llega un carril que sale de la carretera que va por la parte de alta de Pradollano, la misma que lleva al Albergue Universitario, pero nosotros seguimos por un camino marcado, el PR-A 19, que empezaba por la mancha de pinos que había junto al albergue. A partir de ese momento, el camino seguía por la misma cota en direccion noroeste. En alugnos tramos íbamos por dentro de otras manchas de pinos y otras al descubierto. Todo estaba muy verde y frondoso, señal aún del invierno tan lluvioso que habíamos tenido, así como lo eran los numerosos cursos de agua que nos cruzamos. El paisaje nos recordaba al que vimos durante la excursión que hicimos un par de años antes desde Trevélez hasta Busquístar, con una orografía y unos colores similares.

El punto más destacado de esa parte fue tal vez el Peñón del Perro, mirador natural sobre el valle del Genil, que teníamos abajo. En él vimos, entre otras cosas, el Hotel del Duque, el anhelado lugar de refrigerio. También se veía Güejar-Sierra y el embalse.

Seguimos la senda pero no hasta la carretera, sino que un poco antes tomamos una bifurcación hacia otro sendero que discurría en paralelo en una cota un poco inferior. De esa forma, aunque anduvimos un poco más, evitamos en todo lo posible tener que andar por asfalto. Acabamos saliendo a la carretera de la Sierra (la A-395) a la altura del Centro de Visitantes. Allí recogimos el coche que habíamos dejado previamente, rescatamos los otros que seguían en el albergue universitario y comimos en uno de los restaurantes que hay al lado.

Estas son las fotos de la subida al Veleta y estas las del camino de los Peñones de San Francisco al Dornajo.

Del albergue universitario al Veleta

Del albergue universitario al centro de visitantes (PR-A 19)