Río de los Caballos. Tolox (18/09/2010)

La excursión de septiembre nos llevó a Tolox, concretamente al río de los Caballos. No era el plan inicial, lo que no es una sorpresa, pero parece que en septiembre seguía vigente la maldición que nos impidió ir en junio a Barbate. Después de renunciar por segunda vez a visitar el pinar gaditano y probar el atún, hicimos una ronda de sugerencias para ver cuál podía ser el destino que lo sustituyera. La condición era que tenía que ser fresco, preferiblemente acuático.

Entre las diferentes ideas que se propusieron se impuso al final la del río de los Caballos porque, por un lado, era desconocida para casi todos, sólo Teresa había estado allí una vez previamente, y, por otro lado, las fotos que vimos en otras páginas web del salto y el charco de la Virgen nos resultaron suficientemente atractivas.
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Así que con la excursión que recordaba Teresa y otras indicaciones que encontramos, nos aventuramos hacia Tolox. Ya en Tolox subimos por el camino que hay junto al balneario, pasamos en primer lugar por el Hotel Rural Cerro de Hijar, lugar donde se acaba el asfalto y empieza el carril de tierra.

Seguimos por el carril buscando el sitio en el que empezaba el camino, aunque en la primera pasada no lo encontramos porque esperábamos ver unos carteles de la Junta de Andalucía anunciando el sendero. Cuando ya se nos hizo claro que nos habíamos pasado y mucho, porque estábamos cerca del Puerto de las Golondrinas, desandamos el carril hasta que Teresa reconoció el lugar en cuestión, en el cruce con un cortafuegos. Efectivamente, bajando unos metros por el cortafuegos dimos con el primer poste que confirmaba el camino.

Anduvimos por el camino, que estaba bien marcado y que era cómodo, siguiendo la misma cota de altura. La mayor parte del tiempo íbamos al descubierto aunque en ocasiones encontramos pequeños pinares que nos daban un poco de sombra. No mucho rato después de empezar el sendero pudimos ver en frente de nosotros el Salto de la Regía que acabamos alcanzando algunos, aunque no era el objetivo inicial de la salida. Las indicaciones del camino seguían claras, aunque con una doble flecha cuyo significado no alcanzábamos a comprender. Al llegar a un pequeño saliente rocoso, que podía hacer las veces de mirador, se nos perdió el camino y pensamos que las flechas dobles significaban que era un camino sin salida a otro, por el que había que volver por el mismo sitio.

Sin embargo, tras perseverar un poco, encontramos la continuación del camino unos metros más abajo del saliente rocoso, y seguía en la dirección que llevábamos antes, hacia el fondo del valle. Poco después empezamos a ver claramente el Salto de la Virgen, a donde pretendiamos llegar, así que empezamos a barruntar cómo podíamos bajar, porque no había camino visible hacia el río. Mientras el grueso del grupo buscaba ese acceso, dos decidimos continuar un poco por el camino, "para ver qué hay ahí detrás".

El descenso hacia el río se convirtió en una tarea bastante más complicada y emocionante de lo esperado. En un par de ocasiones hubo que volver atrás porque la bajada, que no el camino, que no había nada ni parecido, estaba cortada por un pequeño tajo. Finalmente, la perseverancia volvió a tener recompensa y, culada más, culada menos, el grupo consiguió llegar al río, muy cerca de la meta, el Salto de la Virgen donde, como merecida recompensa, se procedió al baño de rigor en las más que frescas aguas del Charco del Virgen.

Por su parte, los dos que habían seguido el camino, llegaron hasta el final del valle, momento en que decidieron que, ya que estaban allí, podían aprovechar para ver el Salto de la Regía. Dicho y hecho, cruzaron uno de los arroyos que alimenta el río de los Caballos, anduvieron y desandaron por la siguiente loma hasta encontrar el camino y acabaron llegando al Salto de la Regía, impresionante a pesar de la poca agua que llevaba. El salto en sí estaba rodeado por una alambrada que hubo que rodear. A partir de ahí empezó la búsqueda de un camino para bajar al río, para no desandar todo el camino que se había recorrido hasta ahí. La experiencia no fue mejor que para el otro grupo, llegaron hasta el vivero de la Casa de Antonio Elena pero desde allí no había nada parecido a un camino sino que tuvieron que bajar (y subir y volver a bajar) campo a través, con arañazos y culazos incluidos. Por suerte, la ladera no era ni demasiado alta ni demasiado complicada, por lo que al final acabaron reunidos con el resto de compañeros y pudieron refrescarse en la poza.

Tras retozar en el agua y descansar y yantar en tan encantador lugar (y no diremos marco incomparable porque ya está muy usado), volvimos a Tolox por donde las personas honradas, siguiendo el curso del río. En este caso, a diferencia, por ejemplo, del Chíllar, no tuvimos ni que mojarnos los pies, el camino discurría la mayor parte del tiempo al lado del río aunque a veces se perdía y tuvimos que buscar alternativas por unos antiguos sembrados. Acabamos llegando al pueblo por la parte trasera del balneario.

Estas son las fotos de la excursión.



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