Río Almanchares (13/jun/2009)

Para junio buscamos una salida que nos permitiera evitar el calor propio de la época, así que se decidió hacer un recorrido acuático. Esta vez iba a ser bajar el río Almanchares, en el Parque natural Sierra Tejeda y Almijara, entre Canillas del Aceituno y Sedella.

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Dejamos los coches en un pequeño llano junto a una curva de la carretera entre Canillas del Aceituno y Sedella (MA-4105), justo al lado de un puente sobre el río. Ahí aparcan los coches quienes van a una pequeña área recreativa, el Pilarillo La Rahige.

La primera subida fue bastante incómoda, es muy escarpada y no hay un buen sendero, sino un pequeño camino mantenido por el paso de los anteriores visitantes, pero nada más. Por suerte, no es muy larga y en menos de media habíamos llegado a la caseta que marca el fin de la subida.

A partir de ahí, el camino se transforma en un sendero que llanea y baja ligeramente hasta el río. El sendero se construyó para hacer una toma de agua del río al pueblo. Poco después de la caseta, se pasa una curva que nos descubre el encantador barranco del río, con sus paredes altas y escarpadas, habituales en esa sierra, como cuando intentamos subir el Almendrón.

Uno de los tramos del sendero transcurre excavado en la pared de la montaña, estrecho y con una baranda con un aspecto muy frágil como única protección, lo que hace bastante emocionante el paso por esa parte. A partir de ahí, el sendero es más seguro y empieza a bajar suavemente hacia el río, que está a menos de un kilómetro.

El punto al que llegamos al río es muy agradable, con una poza en la que darse un buen baño. Una parte del grupo no tenía intención de bajar el río con las cuerdas y se quedó allí disfrutando del agua y el entorno. Los que íbamos a bajar, remontamos un poco más el río. El inicio fue otra ascensión, incluso más antipática que la primera, empinada, sin camino y resbalazida (incluso alguna piedra salió rodando para abajo). Afortunadamente, tampoco fue larga. Seguimos andando un poco más hasta que otra vez desembocamos en el río.

A partir de ahí empezamos el descenso. Cada uno con su arnés, su mosquetón y su ocho y dos cuerdas, para intentar aligerar un poco el descenso. El agua no estaba muy fría, lo que permitió que incluso alguno pudiera hacer el descenso sin neopreno.

El descenso fue muy divertido, sin mayor dificultad técnica (éramos más de uno con muy poca o nula experiencia en eso de los rápeles), con más de una docena de saltos. Tras los primeros saltos llegamos al sitio donde nos esperaban los que no habían querido subir. Comimos todos juntos y seguimos el descenso hasta llegar al área recreativa donde estaban los coches.

Estas son las fotos de la excursión.

Hay una descripción muy buena del recorrido en esta página del IES Los Manantiales.

En esta otra se ofrecen otras alternativas para llegar al río desde el pueblo.


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