De Los Quejigales a Los Sauces (2 de Febrero de 2008)

El día 1 de Febrero, viernes, en La Cañada de las Nieves, la preciosa casa de nuestro Ca-Minero Pepe Mayorga, nos congregamos el antedicho anfitrión más Ernesto, Arantza, Teresa, Juan Antonio, Lola Peña, Irene, Marcelo, Antonio, Pablo, Juan Carlos y el que suscribe, Arturo, para cenar, ver las estrellas, ver fotos de Marruecos, el Ártico y demás lugares, y pernoctar de víspera para la excursión que arriba se nombra. Tras la opípara cena y no poder ver las estrellas por mor de la nubosidad, vistas las fotos y altas las horas, el Dr. Orozco regresó a su lar y el resto dormimos hasta la mañana.

Iniciamos la excursión plantando tres coches en Los Sauces, para encontrarlos allí por la tarde (como así fue). Tras ello, acudimos a El Burgo, donde se nos unió Julen, y tras pasar por el Puerto del Viento, circunvalamos Ronda para recoger a la salida a nuestros queridos Andrés y Pepa. Todos ya, catorce excursionistas, seguimos hasta Los Quejigales, donde los vehículos quedaron y por fin comenzamos a andar.


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Tomamos el carril que se dirige al Noreste en subida para alcanzar en diez minutos el Puerto del Quejigal; ignoramos el ramal que se acerca hacia la Cañada de las Ánimas y seguimos por la izquierda, que es el carril que anduvimos hace dos meses en sentido contrario, viniendo del Sabinal y la travesía de la Hidalga. Cuando rodeamos el cerro de Los Arcos y sus viejos pinsapos, pasada la valla metálica y coronado el Puerto de Los Quejigales, iniciamos el descenso y abandonamos el carril, tomando el sendero que siempre al Noreste, desciende hacia las muy visibles ruinas del Cortijo de Majada Vieja.

Visitamos las ruinas, su chopera, su trío de sauce, cerezo y pinsapo, y remontamos la loma soleada que nos volvió a permitir divisar a lo lejos el Peñón de Ronda, por donde pasaríamos horas más tarde. Descendimos la antedicha loma, bajamos a un arrroyo y ascendimos la loma siguiente, en cuyo descenso ya vimos a nuestros pies la ruina y el encantador enclave del Cortijo del Taramal. Tras visitarlo, tomamos la senda que sale desde su era, siempre al Noreste, y rodeamos un cerro por la izquierda –que también podríamos haber rodeado por su derecha- para cruzar un arroyo, más copioso que los del resto del día, por el que bajan las aguas del Tajo del Canalizo, cuyas paredes veíamos a nuestra derecha formando la imponente muralla que sirve de base al pico Enamorados.

Tras varios repechos con aulagas, alcanzamos la loma hasta la que habíamos llegado justo hacía un año, cuando la gran nevada en que recorrimos estos pagos a la inversa (se entiende de Norte a Sur, no patas arriba); reconocimos perfectamente el paraje, al pie de los farallones, con magníficos pinsapos y la preciosa laguna que constituye unos de los más amables rincones de la Serranía. Pasamos la alambrada por la angarilla y ya tomamos resueltamente la vereda que se dirige, con algunos repechos poco largos, al fantástico pinsapar de la Mirandilla; unos lo pasamos por en medio, otros por debajo, todos entusiasmados por los viejos y enormes pinsapos. Poco antes habíamos visto a lo lejos un jabalí correteando hacia el Sur; aquí nos pasó por delante un hilera de nueve hembras monteses espantadas por el grupo y su cháchara.

Bajamos, viendo ya ante nosotros el imponente Peñón de Ronda, a la fuente de la Breña, donde nos refrescamos al islámico modo y comimos al sol. Arreados por el de siempre, siendo las tres y media, enfilamos el Peñón para pasarlo por la izquierda, es decir, por el Oeste, dejando el cortijo por debajo a nuestra izquierda, con un buen rebaño de ovejas y un mastín más o menos amistoso guardándolas. Pasamos la verja del predio recorrido y empezamos la bajada, siempre al sol pero con fresco, al Cortijo del Palancar, allá abajo recostado, con su viejo cuatroele verde varado. Una vez en el cortijo, tomamos el carril que nos fue llevando al pinar de Los Sauces; tras atajar un par de curvas, llegamos al carril de la Rasa del Escribano, donde estaban los tres coches que dejamos por la mañana; en ellos, llegamos a casa de Pepe siendo las cinco de la tarde, cinco horas de excursión incluida la comida, catorce kilómetros, puestos de acuerdo los podómetros.

Ya sólo quedó tomar café y recuperar los coches; mientras unos fuimos a ello, hora y pico, bastante pico, hasta Los Quejigales, el resto se demoró un poco, acercó a los rondeños a su ciudad, y nos reunimos en El Abogao (sic) para desde allí emprender retorno a Málaga. Fue una magnífica excursión; la deseada travesía, estupenda, aunque bastante tediosas las aproximaciones y recobro de autos, pero es el precio de las travesías sin chófer. Volveremos, creo yo.

El itinerario nº 29 del libro Por los caminos de Málaga, del que algunos de los miembros del grupo son autores, correspondiente al Peñón de Ronda. En el libro Por las montañas de Málaga, del que también contamos con algunos autores en nuestras filas, se incluye otro itinerario desde Los Sauces al Peñón de Ronda, con un recorrido muy similar al del otro libro, aunque en este caso se propone la subida a la cima del Peñón.

La travesía de la Sierra de las Nieves entre el Cortijo de los Quejigales y el Peñón de Ronda es una excursión clásica por la Sierra de las Nieves y en el libro "Sierra de las Nieves, Guía del Excursionista" hay una descripción de la misma, magnífica y prolija en detalles, aunque sólo llega hasta el Peñón de Ronda.También está disponible en la sección de rutas de Pasos Largos.

Estas son las fotos de la excursión.

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