18 ene. 2009

Sabinares de Gobantes (17/ene/2009)

La excursión propuesta para el sábado 17 de enero de 2009 era a los sabinares de Gobantes, en el margen sur del pantano del Guadalhorce. Aunque no tenía la aureola de ser una excursión tan espectacular como alguna de la Sierra de las Nieves o tan atractiva como la de los acantilados de Maro, fuimos muchos, concretamente 28, los que acudimos a la cita, incluyendo cinco de nuestros queridos amigos del Reyno de Granada.

Además del hecho de la belleza que presenta este año el campo por la lluvia, el sabinar es un espectáculo en sí, siendo, sin duda alguna, el mejor de la provincia.
Seguir LeyendoTras una parada en Ardales para agruparnos y desayunar, tomamos los coches en dirección a Campillo para rodear el embalse del Guadalteba por el norte, bajar hasta la conexión con el embalse del Guadalhorce y seguir por su vertiente sur hasta el punto de inicio del recorrido, cerca de por donde pasa la vía del AVE. Todo el camino desde la salida de la carretera de Campillo hasta que paramos los coches lo hicimos dentro de una espesa niebla que incluso nos impidió ver los pantanos, a pesar de que estábamos circulando junto a sus orillas. Por suerte, como pronosticó nuestro meteorólogo de guardia, la niebla se disipó a lo largo de la mañana.

Aparcamos los coches en un pequeño claro junto a la carretera, a los pies de unos farallones que están delante del Tajo de los Cabritos, el punto final de nuestro recorrido. Anduvimos un poco por la carretera hasta el carril que salía a la derecha. El carril nos llevaba a la llanura que constituía el primer trayecto de nuestro recorrido y ya podíamos ver la magnífica extensión de sabinas que disfrutaríamos el resto del día. El camino por el valle fue muy cómodo y facilito, llaneando,
por fin, hasta que tocó subir en dirección al Tajo de los Cabritos. La cuesta era empinada, pero la subimos despacito y con buena letra, como se dice. Durante la subida pudimos ver la Capilla que, poco a poco, iba siendo engullida por una nube.

Esa primera subida acababa en otra llanura, la Sierra Llana, entre el tajo de los Cabritos, nuestro objetivo, y el de Ballesteros. El Tajo de los Cabritos no se vendía fácilmente, y tuvimos que cruzar 600 m de lapiaz antes de conquistar su pared final. Como nos habían prometido, la vista merecía la pena la subida. Desde allí se veía el conjunto de los pantanos del Guadalhorce: el del Guadalhorce más cerca de nosotros y, en el sentido contrario al de las agujas del reloj, el del Guadalteba y el del Conde del Guadalhorce. Ese era el espectáculo que esperábamos tener desde la cima del Castillón de Peñarrubia, a cuya cima no llegamos la semana anterior.

Comimos opíparamente en la cima, resguardados convenientemente del viento, por supuesto, y volvimos alegremente a los coches por el mismo camino que habíamos seguido a la ida. Como nota curiosa podemos decir que en el llano de Sierra Llana nos encontramos el cadáver de una musaraña, y que algunos de los biólogos del grupo pasaron un apuro intentando recordar el nombre científico de la especie.

La vuelta en coche la hicimos por un camino distinto. Los que volvían a Granada rodearon por el este el pantano del Guadalhorce, para llegar a la carretera entre Campillos y Antequera, y los que volvíamos a Málaga lo hicimos bordeando el embalse del Guadalhorce por el sur, como a la ida, para después circunvalar el del Conde del Guadalhorce por el sureste hasta llegar a Ardales, donde tomamos un refrigerio y nos despedimos con las mochilas llenas de dulces del lugar. El ambiente en el pantano del Conde del Guadalhorce estaba muy animado, con numerosas personas viendo el embalse, disfrutando en el restaurante o haciendo ciclismo.

Estas son las fotos de la excursión.



12 ene. 2009

Tajo del Molino y Castillón de Peñarrubia (10/ene/2009)

La primera excursión de 2009 fue bajo los auspicios de la Asociación de Amigos del Jardín Botánico-Histórico de la Concepción, bajo la dirección de Ernesto, como es habitual. La ruta propuesta discurría por la Sierra de Peñarrubia, junto al conjunto del Pantano del Guadalhorce, en los municipios de Teba y Campillos, y consistía en recorrer el Tajo del Molino y subir al Castillón de Peñarrubia (también llamado de Teba) para observar la panorámica del Embalse del Guadalhorce.

Nos reunimos una docena de amigos, junto con los benjamines Héctor y Carmen, que aguantaron dignamente un recorrido bastante más largo que lo calculado de manera demasiado optimista por su padre.
Seguir Leyendo
El día escogido estuvo en mitad de la ola de frío siberiano que heló España los primeros días del año, y bien que lo notamos, sobre todo en la primera parte, dentro del cañón del Tajo del Molino, donde, además, no entraba el sol.

Aparcamos los coches junto a la carretera y comenzamos a recorrer de sur a norte el Tajo del Molino, un cañón que ha excavado el río de la Venta. Aunque el cañón no es largo, unos 600m, sí que resulta admirable, porque choca mucho con su entorno, bastante más llano y por la altura de sus paredes, que puede llegar perfectamente a un centenar de metros. El río no llevaba demasiada agua, lo que nos permitió vadearlo, después de buscar un sitio apropiado para hacerlo, sin más incidencias que un par de pies en remojo. Por suerte, ese día el agua estaba muy limpia, pero parece que las granjas porcinas de alrededor vuelcan mucha contaminación en el río. Al final del cañón pudimos observar los restos de un antiguo molino de agua.

Tras acabar el cañón, abandonamos el curso del río, que venía desde el valle, y giramos a nuestra derecha, en dirección sureste, buscando el segundo hito del día, el Castillón de Peñarrubia. Por desgracia, toda la zona está desforestada, y apenas se ven algunos acebuches y encinas por el camino. No obstante, entre los arbustos, y la hierba y las flores que habían crecido por la lluvia, el camino estaba de un verde radiante. Seguimos en dirección hacia el Castillón, aunque la mayor parte del tiempo sin un camino claro, prácticamente en paralelo a la carretera de Teba, pero por la vertiente opuesta.

Cuando ya no quedaba mucho para subir al Castillón reconsideramos la situación y, en vista de la hora que era, que el terreno que faltaba era lapiaz y la temperatura que hacía, que había subido un poco pero seguía siendo bastante fresca, decidimos no subir al Castillón, sino quedarnos a comer en un cerro previo, en la divisoria de aguas. La pena fue que nos perdimos el paisaje de los pantanos que se domina desde el Castillón, aunque podíamos ver Ardales y Teba.

A la vuelta no pasamos por el Tajo. Volvimos por la vertiente de la sierra que va más pegada a la carretera y, desde allí, bajamos a un camino que hay al lado del extremo por el que iniciamos el recorrido del Tajo, por el que accedimos a la carretera.

Estas son las fotos de la excursión.

Descripción del recorrido

El Tajo del Molino es un pequeño cañón excavado por el río de la Venta en la Sierra de Peñarrubia, en el término municipal de Teba, muy cerca del de Campillos.

Al Tajo del Molino se llega desde Málaga por la autovía del Guadalhorce (A-357) en dirección a Ardales, que dejamos a la izquierda y continuamos hacia Campillos. A la altura del kilómetro 10 de la A-357, tras un largo puente sobre el Embalse del Guadalteba, se toma el desvío a la izquierda, señalizado con Teba-Ronda, a la carretera MA-5404 (antigua C-341). Este desvío está al pie del Castillón de Peñarrubia. Tres kilómetros y medio después, sobre el puente sobre el río de la Venta, hay una indicación al Tajo del Molino. Se sale de la carretera a la izquierda y, bajo el puente, hay una pequeña explanada con información sobre flora, fauna, geología, prehistoria y los de los molinos de agua.

El cañón del Tajo del Molino es corto, algo más de 600 m., pero con unas paredes espectaculares, de unos 100m. de altura. El recorrido se inicia por el margen derecho del río (recordemos que el margen se mira según la corriente del río) y a mitad del cañón se busca un paso a la otra orilla. El caudal no suele ser grande, por lo que no resulta demasiado complicado cruzarlo. Al final del cañón se encuentran las ruinas de un antiguo molino de agua, que da paso al valle por el que desciende el río.

Para ir al Castillón de Peñarrubia nos dirigimos en dirección sureste, torciendo a la derecha, siguiendo la falda de los montes que nos separan de la carretera por la que hemos venido, que queda al sur de nosotros. Este primer trayecto, de aproximadamente un kilómetro y medio, no tiene mucha pendiente y la vegetación es de monte bajo.

Poco después hay que superar una primera subida de poca dificultad y perder posteriormente un poco de altura, hasta un pequeño olivar. En ese momento ya estamos al pie de las rampas que nos llevará al Castillón. La última parte de la subida es a través de lapiaz, por lo que resulta más incómoda, pero no es una pendiente muy pronunciada. No hay un camino claro al Castillón, y desde el olivar se pueden tomar varias alternativas, bien primero hacia el este y después subir al norte, o bien ir primero al norte y subir después en dirección al este. Este segundo tramo es de unos dos kilómetros.

El mayor interés de la cima del Castillón es la magnífica vista que tiene sobre los tres pantanos del complejo del Pantano del Guadalhorce.

Hay un camino de vuelta alternativo por si no apetece volver a pasar por el Tajo del Molino. Al traspasar el pequeño olivar que cruzamos en el camino, podemos ir más a la izquierda, ahora por la ladera por la que se ve la carretera de Teba. Por ahí tampoco hay camino, pero no hay pérdida, porque se sigue en paralelo a la carretera y se tiene enfrente Teba y su castillo. Por ese camino se llega a la parte superior del extremo sur del Tajo del Molino, por donde iniciamos el recorrido. Allí hay un camino que desemboca en la carretera a la altura del acceso al centro de interpretación del inicio del recorrido.

Lamentablemente, el camino carece casi en su totalidad de árboles que den sombra, pues la vegetación es monte bajo y tampoco hay agua disponible. Como el recorrido no es muy largo, poco más de cuatro kilómetros de ida, es una excursión más recomendable para otoño e invierno.

Anteriormente, el agua del río de la Venta estaba bastante contaminada por las granjas porcinas cercanas, pero el día en que hicimos el recorrido estaban claras y no olían mal.

La excursión al Tajo del Molino está magníficamente explicada en el libro Por los Ríos de Málaga, de los que algunos miembros del grupo son autores. La excursión completa hasta el Castillón de Peñarrubia la podemos encontrar en otro libro de nuestros compañeros, Por las Montañas de Málaga.



2 ene. 2009

Cerro del Realengo (13/dic/2008)

La última excursión del 2008 debía llevarnos por la Sierra de Camarolos hasta el Cerro del Realengo, junto al nacimiento del Guadalmedina, donde fuimos en marzo del año pasado.

Sin embargo, la niebla nos impidió otra vez alcanzar nuestro objetivo y tuvimos que volvernos a mitad de camino. No obstante, el recorrido que hicimos mereció la pena.
Seguir Leyendo
Iniciamos la excursión en Villanueva del Rosario, concretamente en el mirador de Hondonero, donde está la ermita de la Virgen del Rosario y el nacimiento del río Cerezo, conocido popularmente como el Chorro, adonde bajamos. El nacimiento estaba rebosante de agua por las lluvias caídas las semanas anteriores. Ahí pudimos contemplar una curiosa estampa del Chamizo, cubierto por la niebla.

Seguimos con los coches hasta la Dehesa de Hondonero, un llano donde aparcamos y empezamos a andar. El primer tramo era por una pista que subía atravesando un pinar de repoblación. De allí salimos a un llano a los pies de unos farallones, a través de los cuales teníamos que cruzar para llegar al puerto Memorias. En el paisaje disfrutábamos, dentro del verdor general, del contraste entre las hojas de los distintos árboles, con distintos tonos de marrón y de verde. Además, la niebla lo cubría todo muy cerca de nosotros, y le daba al entorno un punto fantasmagórico.

En cuanto subimos la primera ladera y entramos en la llanura del puerto estuvimos inmersos en la niebla. La temperatura era baja, y la humedad de la niebla y el viento que soplaba nos hacía estar aún más fríos. En ese inhóspito pasaje nos encontramos a unos amigos, a los que saludamos brevemente, porque las circunstancias no acompañaban. Luego los volveimos a encontrar y nos acompañaron el resto del camino.

El espectáculo en ese momento era soberbio. Avanzábamos casi sin visibilidad, con la niebla envolviendo todo, haciendo casi noche el día y con todo lo que había a nuestro alrededor, piedras y plantas, cubierto por cristales helados de niebla escarchada, creando un paisaje asombroso.

Lamentablemente, cuando íbamos a cruzar el puerto, una alambrada renovada y reforzada nos impedía el paso. Esa fue la puntilla, porque la niebla nos prevenía de seguir ya que intuíamos que podíamos perder el camino con facilidad. Decidimos volver sobre nuestros pasos hasta el llano de la salida del pinar y continuar el carril por el que habíamos llegado.

Luis nos contó que podíamos hallar los restos de una avioneta que se había estrellado algunos años en la zona. Aunque no los encontramos, hicimos un bonito y suave paseo. Seguimos un rato el carril y, en un momento dado, subimos a un pequeño farallón que usamos de mirador para ver las Villanuevas, la vega de Antequera y el Chamizo. Durante ese trayecto nos nevó, situación excepcional para los que vivimos en Málaga capital. A la vuelta a los coches cambiamos la nieve por lluvia, así que podemos decir que tuvimos suerte de escapar del granizo, que fue de los pocos elementos que nos faltaron ese día.

Paramos a comer a la vuelta bajo un coqueto encinar, que estaba tan vistoso como todo el paisaje que nos acompañó durante la excursión, exhuberante y vivo por las lluvias de las semanas anteriores.

Estas son las fotos de la excursión.

En el libro Por las montañas de Málaga, del que contamos con algunos autores en nuestras filas, se incluye un itinerario a la Cruz de Camarolos, cuyo recorrido es similar al que pretendíamos haber hecho. El Comando Preston, de Pasos Largos, tiene una descripción de la ascensión a La Cruz de Camarolos.