11 ago. 2010

Acantilados y playas de Maro (12/jun/2010)

La excursión de junio fue a los acantilados de Maro, un destino fresquito, para evitar los rigores del ya casi verano. Aunque el destino inicial era el pinar de Barbate, para aprovechar la temporada de atún y hacer un poco de gastroturismo. Sin embargo, algunos no podían ir a Barbate con el grupo y se decidió permutarla con la de Maro, prevista para septiembre, por lo que nos debemos para septiembre la visita al pinar gaditano.

Un par de años antes ya fuimos a los acantilados de Maro, en concreto al Cerro Gordo y la playa de Cantarriján. Este año la excursión fue por la parte más occidental, saliendo desde el mismo pueblo y llegando a la playa del Caño.
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Empezamos el camino junto al monilo de Maro y cruzamos por los huertos subtropicales que hay entre de la playa de la Caleta y la playa de Maro. No bajamos a la playa en ese momento, sino que subimos por una senda, camino de la torre de Maro, que está en un magnífico estado de conservación.

La siguiente etapa era el cortijo ¿de Carrezuela?, en ruinas. Después de contemplar el paisaje desde allí, intentamos encontrar una forma de bajar directamente a la playa del Molino de Papel, pero no pudimos, porque el camino que buscábamos estaba completamente cerrado. Debido a este contratiempo, tuvimos que cruzar la N-340 y tomar un carril que pasa junto a la carretera y que baja casi hasta la playa.

Antes de llegar a la playa pasamos por el Molino de Papel, que data de la época de Carlos III, según una placa explicativa que estaba casi borrada. De ahí bajamos a la playa y recorrimos la playa del Molino de Papel, pasando junto a las llamativas ruinas de la torre vigía del Río de la Miel, vencida no por cañones sino por la erosión. Intentamos cruzar por unas antiguas escaleras a la siguiente playa, la de las Alberquillas, pero las escaleras estaban derruidas e impracticables, por lo que tuvimos que subir hasta el aparcamiento de la playa del Molino de Papel y desde ahí tomar un sendero que baja hasta la playa de la Alberquilla.

Continuamos la caminata llegando hasta el otro extremo de la playa, prácticamente a los pies de la torre del Pino, actualmente de propiedad privada y que cuenta incluso con piscina propia.

Desafortunadamente no pudimos culminar la excursión con un largo baño, porque el viento, como ya nos había anunciado Alberto, tenía el mar picado. Al menos casi todos nos dimos un chapuzón refrescante y los menos aguantaron como jabatos un buen rato en el agua, que estaba bastante fría.

Tras comer las viandas que llevábamos y descansar un buen rato, subimos al aparcamiento de la playa de Cantarriján donde habíamos dejado previamente los coches y con eso enfilamos a Maro a acabar la jornada con una cervecita fresca.

Estas son las fotos de la excursión.