15 feb. 2010

Cerro del Realengo (19/dic/2009)

La última excursión de 2009 tenía como objetivo subir al Cerro del Realengo, que no pudimos conquistar en la anterior ocasión, un año antes, cuando lo intentamos desde el norte. Esta vez lo subimos desde el sur, pasando por el nacimiento del Guadalmedina, que también habíamos visitado un par de años antes. Como bonus, algunos subimos a la Cruz de Camarolos, que ya que estaba allí no era cuestión de dejar de visitarla.
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El día estaba parcialmente nuboso, lo que nos privó de parte de las vistas pero, en compensación, nos dejó unas llamativas estampas de montañas engullidas por nubes. Como en la ocasión anterior, dejamos los coches junto al Cortijo de Camarolos, pero esta vez no remontamos el barranco junto al cauce del Guadalmedina, para evitar el barro. Subimos por el camino que usamos la vez anterior para volver a los coches, más junto a la base del Cerro del Realengo. Esta vez el terreno estaba más seco que en la ocasión anterior, incluso el cauce iba seco. En realidad, fuimos poco antes de las lluvias que cayeron casi constatemente durante el resto del mes de diciembre y buena parte del siguiente enero, que a buen seguro que dejaron allí una preciosa imagen. En cualquier caso, el bosque de encinas y quejigos seguía teniendo un maravilloso aspecto.

Tras pasar el bosque no seguimos hasta el nacimiento del río, sino que giramos hacia el oeste a la primera vaguada, para subir al Cerro del Realengo, que nos quedaba al sur. En el lapiaz que nos separaba de la cumbre no había ningún camino marcado, pero se podía adivinar a lo lejos la "cacharra", el pluviómetro de acumulación que hay muy cerca de la cumbre. A él nos dirigimos en primer lugar. En el camino pudimos ver el Capilla emergiendo de un mar de nubes. Al sur podíamos ver algunos pueblos (Periana, Riogordo, Colmenar, ...) y los Montes de Málaga, cuyo color marrón contrastaba con el gris de las calizas sobre las que estábamos. Al este teníamos los Tajos de Sabar, también peleando por salir de entre las nubes.

Tras un pequeño descanso, volvimos a cruzar el lapiaz pero, en vez de rodear las montañas que separan la vaguada por la que habíamos entrado de la la siguiente, en la que está la que se acuerda como el nacimiento del Guadalmedina, las cruzamos por un paso que conocía Arturo, guardado por un quejigo de notable porte. Ya en esa segunda vaguada, la mayoría prefirió quedarse a prepararse para el almuerzo junto a un pozo que había allí. Otros, aprovechando que las ocasiones las pintan calvas, subimos a la Cruz de Camarolos, a cuyo pie estaba el pozo. Desde allí pudimos ver la vaguada en la que nos quedamos cuando intentamos subir al Cerro del Realengo desde el norte. En aquella ocasión la alambrada y el mal tiempo nos lo impidieron. En esta ocasión posiblemente tampoco lo habríamos conseguido porque estaba completamente cubierto de nubes.

Nos reunimos alrededor del pozo a comer y tras un reconfortante descanso iniciamos el camino de vuelta siguiendo el cauce del río en primer lugar y después cruzando el bosque de encinas y quejigos, en el que vimos unas cuantas figuras botánicas realmente preciosas.

Descripción de la ruta

Al inicio de la excursión se accede desde lo que creemos que es el antiguo camino de Alfarnate a Antequera, que era la comarcal MA-115 y ahora ha sido redenominada como A4152. Para llegar hasta allí desde Málaga capital se sube al norte por la autovía de las Pedrizas (N-331) hasta la salida de Casabermeja (en el kilómetro 523, marcada como Casabermeja, Colmenar, Villanueva de la Concepción) y allí se coge la A-356 hacia el este en dirección a Colmenar y Riogordo. Tras unos 9 kilómetros se llega al cruce con la A-7504 (antigua C-340) hacia Villanueva de Cauche y Alfarnate y unos 2'5 kilómetros después se llega al cruce con la A-4152 (antigua MA-115). Se sigue por esta carretera en dirección a Alfarnate hasta un carril que hay en la parte izquierda un poco antes del kilómetro 16 (la salida coincide con un mojón que indica el kilómetro 523 de la antigua MA-115 y está flanqueada por eucaliptos).

Se toma ese carril, con firme de gravilla, y tras unos 2 km pasando por olivos y cereales se encuentra el río, que pasa entubado por debajo del carril, y se puede ver la sierra de Camarolos y el barranco por el que desciende el Guadalmedina. Dejamos los coches un poco después, junto al cortijo del Realengo y subimos al monte por un camino a que discurre a media ladera, al oeste del barranco del Guadalmedina. Hay otro camino más cercano al río, que permite ver el cauce según se va subiendo, pero es más incómodo y difícil de subir, especialmente cuando está embarrado después de llover.

El camino sigue en dirección norte rodeando por el este el cerro del Realengo, el primer destino. Por ese lado las paredes son escarpadas y no se puede acceder al pico, por lo que seguimos un poco más al norte hasta llegar a una zona más llana en la veremos un pequeño valle que se abre hacia el oeste. Recorremos unos cuatrocientos metros por ese valle en dirección oeste hasta encontrar un acceso fácil al lapiaz que nos separa de la cumbre, que se encuentra a un kilómetro, aproximadamente, hacia el suroeste. El lapiaz, como lapiaz que es, es incómodo de andar pero, al menos, no hay que salvar una altura considerable. Al este de la cumbre se encuentra la "cacharra", un pluviómetro de acumulación oxidado que parece estar fuera de servicio. En la línea de cumbres se encuentra una alambrada que se puede salvar sin mucha dificultad. La vista al sur incluye, hacia el sur, varios pueblos de la Axarquía, Colmenar, Riogordo, Periana, los montes de Málaga y el Mediterráneo. Hacia el este destacan los tajos de Gomer y la Maroma y hacia el oeste la Peña Negra y el Capilla.

La Cruz de Camarolos es el siguiente ascenso que proponemos. Para llegar a él desandamos el lapiaz por el que hemos llegado hasta el vallecito. Podemos rodear por el este la siguiente fila de montañas hasta llegar al siguiente valle, donde está la Cruz de Camarolos (unos dos kilómetros). Una alternativa es cruzar dicho obstáculo rocoso por un camino que permite hacerlo con relativa facilidad y que parte a unos cien metros hacia el oeste del punto en el que empezamos a andar por el lapiaz. El inicio del camino está marcado por un precioso ejemplar de quejigo (unos 500 m). En cualquiera de los dos casos llegamos al valle del nacimiento del Guadalmedina. La Cruz de Camarolos se distingue, por un lado, por el vértice geodésico que adorna su cumbre y, por otro, por los restos de un pozo que están en su falda. La ascensión tradicional se hace desde la vertiente este y, aunque la pendiente es notable, no es una subida complicada. Por el oeste también se puede acceder, pero haciendo un poco más la cabra.

La vuelta se puede hacer saliendo del valle hacia el este y bordeando hacia el sur las paredes del Realengo hasta encontrar el camino por el que hemos subido.

Personalmente, las dos veces que he estado en ese lugar, el paisaje de la zona me ha enamorado. Es un lugar que provoca una agradable sensación de estar aislado y lejos de todo, se tienen unas vistas considerables, disfruta de un magnífico verdor y está muy arbolado. En especial, el bosque de encinas y quejigos por el que se sube es encantador, en especial en su parte más septentrional, donde se pueden ver yedras parasitando quejigos hasta estrangularlos.

Estas son la fotos de la excursión.