25 feb. 2015

Ronda bodeguera (22/nov/2014)

Hacía ya varios meses que contábamos con la invitación de Andrés Rodríguez (www.la serraníanatural.com) de hacer una visita por varias de las bodegas de Ronda, al calor del libro escrito por Andrés, Relatos con vinos de Ronda (http://www.laserranianatural.com/tag/relatos-con-vinos-de-ronda/). Por un motivo u otro tuvimos que posponerla hasta que se dieron todos los factores necesarios para su realización. El plan inicial incluía la visita a la bodega de los Descalzos, de allí caminar hasta La Indiana a visitar otra bodega, allí coger luego los coches que previamente habríamos acercado, y tirar para la tercera y última, donde además nos darían de comer caliente (pagando, claro). Una ruta enólatra en toda regla.

Por supuesto, a la hora de la verdad, ese plan se mostró irrealizable y nos conformamos con hacer la visita al primero de los objetivos iniciales, la Bodega de los Descalzos Viejos, construida sobre un convento del siglo XVI restaurado por los actuales propietarios. Con ese fin, aparcamos los coches en la Plaza Pruna, junto al Tajo de Ronda y descendimos a la bodega, en la que estaba esperándonos uno de los dueños, Paco Retamero, quien nos haría de guía de la visita. Visita que se prolongó casi tres horas haciendo imposible acercarse a las otras dos bodegas previstas inicialmente. Paco nos obsequió con muchísimas historias sobre la bodega. Nos contó cómo empezaron el proyecto empresarial sin experiencia previa en el mundo del vino, cómo fueron comprando diversas parcelas, cómo fueron aprendiendo a base de tropezones y de escuchar a los expertos que iban conociendo durante el proceso, por qué escogieron unos determinados tipos de uva, cuáles eran sus planes de futuro y cien cosas más.

La explicación comenzó en la entrada de la finca, desde donde se divisa el Tajo de Ronda y el valle en el que se encuentran las diferentes fincas de su propiedad, unas 15 Ha. en total. Nos explicó cuáles eran sus pagos, cuándo habían comprado cada uno y los planes para acondicionar un camino que permitiera bajar a ellos en una ruta guiada desde el edificio de la bodega. El siguiente punto de la visita fue el jardín que ya desde el pasillo de entrada era absolutamente cautivador. Un precioso jardín en el que se ha mantenido todos los elementos posibles, con muchísima vegetación (mención especial para la parra roja que trepa por la pared del edificio), abundante agua (fuentes, alberca, estanque, nacimiento) y unas preciosas vistas. Nos demoramos largo y tendido en el jardín disfrutando de su encanto y tras recorrerlo entero nos llevaron al edificio de la antigua iglesia. La restauración del edificio se ha hecho con un cuidado y un primor admirables y dignos de agradecimiento. Han descubierto frescos bastante bien conservados debajo de otras capas de pintura puestas por sucesivas órdenes monacales y han conjugado de muy buena manera la antigüedad de los elementos originales con los instrumentos actuales que usan para la elaboración del vino (los depósitos y las barricas). Y tras la visita a la antigua iglesia llegó el momento más hedonista, el de la cata de dos de sus vinos, acompañados de buen queso y mejor jamón. Cabe discutir si ese día habíamos hecho suficiente esfuerzo para ganarnos esa recompensa pero, en cualquier caso, lo disfrutamos plenamente.
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Aún nos quedaba del plan del día recorrer un pequeño segmento de un sendero junto al río Guadalevín. Dado que era la hora del almuerzo, más bien que estaba terminando la hora del almuerzo, comimos previamente en un restaurante cercano. Desde la bodega tomamos la carretera a Sevilla, la A-374, y nos deviamos por la carretera a Benaoján y Montejaque, la MA-555. Unos 800m después del cruce salimos de la carretera y dejamos los coches un poco más adelante, junto a unas casas (identificadas en el mapa como las Huertas de la Reala). Tomamos el camino entrando en los terrenos del cortijo de El Duende. Andrés nos explicó que es un camino privado y que el dueño ha ganado en los tribunales el derecho a cerrarlo pero que suele dejar pasar a la gente por allí (http://www.diariosur.es/prensa/20061201/interior/ronda-asociacion-senderista-pasos_20061201.html). El camino va por una zona muy arbolada, primero pinar y después dominado por la encinas. El cortijo luce muy bien en lo alto de un promontorio y como nota curiosa merece la pena mencionar el mausoleo familiar que hay cerca del camino. Nosotros seguimos un poco más adelante y cruzamos el río Guadalevín. Andrés nos explicó que con la nueva depuración de las aguas de Ronda el agua del río bajaba mucho mejor, aunque no estuviera aún completamente limpia. Poco después de cruzar el río se veía el Tajo de Ronda, con el perfil de la ciudad. Andrés nos contó que el camino por el que íbamos llegaba poco después a Ronda y que incluso se podía hacer una ruta circular que nos llevara otra vez a los coches. Sin embargo, ya estaba oscureciendo y no teníamos oportunidad de completar esa alternativa, así que desanduvimos el camino por donde habíamos venido.

La ruta que hicimos después de la comida cruza varios senderos señalizados: la etapa entre Montejaque y Ronda del Sendero europeo Tarifa - Peloponeso (GR-7 E-4), la etapa 1 de la Gran Senda de la Serranía de Ronda (GR-141), la etapa 24 de la Gran Senda de Málaga (GR-249), Ronda - Estación de Benaoján, el sendero de pequeño recorrido de Ronda a Montejaque (PR-A 251), y el sendero de pequeño recorrido de Ronda a Benaoján, PR-A 253, ambos descritos en la página de la Federación Andaluza de Montañismo, en la pestaña de Málaga.

Estas son las fotos de la excursión.


23 feb. 2015

Torre del Moro, Benaoján (25/oct/2014)

Aunque en octubre teníamos previsto hacer la Ronda Bodeguera, el hecho de que el dueño de la bodega más interesante no estuviera para enseñárnosla no hizo cambiar los planes. Tras una apasionada discusión entre el río Cacín y Benaoján para ver la Torre del Moro, acordamos la segunda de las propuestas, que aderezaríamos con una visita a la entrada de la Cueva del Gato.

Aparcamos los coches en la Estación de Benaoján y en primer lugar nos acercamos a ver el nacimiento del arroyo de Cascajales (o arroyo de Montejaque según la toponimia del mapa de Ministerio de Fomento). Para tomar el camino hacia la Torre del Moro cruzamos las vías del tren en dirección al este y tomamos el carril al que llegamos, ahora en dirección norte, junto al cauce del río Guadiaro. Unos metros adelante nos encontramos la Charca del Barranco, que tiene pinta de ser un magnífico lugar de baño cuando haga calor. Ese camino sigue hasta la Cueva del Gato, pero nosotros nos desviamos por un sendero que sube ladera arriba hacia el este. Ese es el camino que seguimos por una agradable zona arbolada. En un momento del camino empezamos a suponer que no debíamos avanzar mucho más porque se veía la torre en lo alto del monte. Estuvimos tendados de subir monte a través por alguna de las trochas que se intuían subiendo por la ladera del monte pero, como no teníamos experiencia en la zona, preferimos no arriesgarnos y seguir por el camino más claro.
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Seguimos pues por el mismo camino hasta llegar a un cruce ya fuera del bosque. En ese cruce tomamos la parte que va hacia el oeste, buscando alguna forma de rodear el monte en el que está la torre y aproximarnos evitando pendientes fuertes. Un amable señor nos explicó que podíamos cruzar por una parcela que había un poco más adelante. Estaba vallada pero tenía una escalera que nos permitió pasar la valla y demostrar la magnífica forma en la que estamos. Como supusimos, no nos costó mucho trabajo llegar a la torre, que no perdimos de vista sin mayores complicaciones, aunque si un camino claro que mereciera el nombre. La torre es bastante llamativa, solo se conserva una pared, pero en muy buen estado. De hecho, nos parecía sorprendente que aguantara el viento sin el apoyo del resto de la torre. En algún momento, esa pared que queda en pie recuerda al monolito de 2001. En la parte baja de la pared que quedaba en pie se veían unos restos de lo que interpretamos como el antiguo horno, pero sin ninguna base rigurosa para tal afirmación.

Tras tomar el almuerzo a la sombra de los árboles que hay alrededor de la torre tomamos el camino de vuelta para ir a la entrada de la Cueva del Gato, el segundo objetivo del día. Desanduvimos lo andado hasta el cruce antes mencionado después del bosque (algunos se aventuraron monte abajo y aseguran haber encontrado camino transitable) y allí seguimos hacia el oeste, llegando finalmente a la carretera. Allí buscamos un sitio por el que bajar al camino que va al lado del río (la continuación del camino inicial, el sendero señalizado de la estación a la cueva) pero no lo encontramos. Y ahí fue donde nos equivocamos: seguimos por la carretera al norte hasta llegar a la altura de la Cueva del Gato y bajamos por ahí. Después, con la ortofoto se ve que podíamos haber recuperado un poco para tomar el camino o que había una bajada mucho antes al camino que deberíamos haber tomado. La entrada de la Cueva del Gato estaba espectacular, con mucha agua y un ambiente tremendamente agradable. La vuelta la hicimos por el sendero señalizado, opción mucho más recomendable que la carretera de la ida.

Ambas rutas están perfectamente descritas en la Guía del Excursionista del Valle del Guadiario, de Manuel Becerra Parra. La ruta 4 es de la Estación de Benaoján a la Cueva del Gato y la ruta 6 es de la Estación de Benaoján a la Torre del Moro. En la página de la Ventana del Visitante de los Espacios Naturales de la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía ofrecen un folleto sobre ell sendero de la Estación de Benaoján a la Cueva del Gato.

Estas son las fotos de la excursión.