23 sept. 2014

Torrecilla con luna llena (12/jul/2014)

Varios años después de la subida lunera a La Maroma, promovimos la subida a La Torrecilla con la luna llena de Julio. Nuestro poder de convocatoria se vio mermado, o bien mucha gente tuvo coincidencias. El caso es que seis noctámbulos emprendimos la marcha saliendo de Alhaurín hacia las 12 de la noche del 12 al 13 de Julio. Lola Peña, Marga Valero, Esteban, Fausto, Pepe Mayorga y Arturo, pertrechados y animados para el acontecimiento.

Llegamos a la barrera donde había que dejar el coche a las 2 de la madrugada, allá donde sale a la derecha el carril que baja a las Escaleretas y valle del Río Verde. Desde allí, a pie hacia los Quejigales, algo más de 2 km para abrir boca. La luz de luna era espléndida y aunque varios llevaban linternas, apenas se encendieron. Tomamos el carril que sube al Puerto de los Pilones para caminar aprovechando la luz natural y poder hacerlo conversando. Esta subida la habíamos hecho algunos el año anterior en bicicleta bajo el sol, y cambia mucho la cosa. Cuando alcanzamos el punto en que se domina toda la cara sur de La Alcazaba y la Torrecilla, el panorama nocturno era magnífico, los viejos pinsapos que orillan el carril, con la luna redoblaban su belleza. La costa se mostraba iluminada hasta la exageración.

Llegamos al Puerto de los Pilones hacia las 4 de la madrugada, tras parar un par de veces a beber y masticar algunas mignardices. Tomamos el camino largo, más trillado y seguro, el que se dirige a Enamorados y luego va torciendo hacia nuestra montaña. Al poco de coger la vereda vimos venir hacia nosotros una hilera de luces de aspecto fantasmal para quien así quisiera verlo. Nos recordó a algunos el episodio del Quijote de similar presencia en medio de la noche. Resultó ser una excursión organizada, quiérese decir de pago, que regresaba a las tierras bajas; nosotros, con las pupilas ya totalmente dilatadas por las horas de sólo luz de luna, debimos guiñar un ojo para cruzarnos con ellos sin perder del todo la visión nocturna.

Seguir Leyendo Andando andando, disfrutando la noche iluminada, llegamos a poco más de las 5 al Pilar de Tolox; allí descansamos un rato, pues tampoco era cuestión de llegar a la cumbre demasiado antes de la aurora, y se sabe que desde allí resta poco más de media hora hasta la cima. En su momento iniciamos el ascenso final, llegando arriba aún de noche pero empezándose a intuir algo de claridad por el Oriente. Para hacer tiempo, y para reconfortar las tripas, sacamos los avíos, montamos el camping gas y nos pusimos a preparar el desayuno, huevos fritos con beicon, pan alhaurino y tinto riojano. Repitió todo el que quiso, y qué a gusto nos quedamos para saludar el primer sol con alborozo, y hubo hasta quien dio una cabezada. El Sol salió –es un decir, la Tierra gira- despacio, dejando que Lola hiciera todas las fotos convenientes. Dos parejas más acompañaron nuestra bienvenida al astro, y allí estuvimos hasta que quisimos.

Bajar de La Torrecilla con el primer sol del día, luminoso y aún fresco, es una gozada; cogimos agua en el Pilar y tomamos el camino inverso disfrutando de paisajes harto conocidos pero con la luz preciosa de las ocho de la mañana. Al llegar al nevero restaurado tomamos la vereda de las Ánimas, y bajamos por la hermosísima cañada empezando a notar los primeros signos de la noche en vela. Cuando alcanzamos el carril que viene de la Hidalga, y fuimos bajando a los Quejigales, el cansancio se había hecho presente en revoltillo con el sueño; los casi tres km últimos hasta el coche, se hicieron notar y los hicimos con ganas grandes de llegar, alegrándonos el paseo a los de delante una retahíla de perdigones diminutos y ágiles.

Cuando llegamos al coche, nos quitamos las botas con apresuramiento, y al llegar al Navasillo todos traicionamos nuestros deseos previos de café y nos aplicamos con entusiasmo a la cerveza.

Quien no ha caminado por el campo con luna llena no puede hacerse idea de la maravillosa luz que proporciona y de la sensación tan grata que es caminar por terrenos conocidos reconociéndolos bajo un aspecto diferente. Caminar en la noche no será para todas las semanas, pero así, ocasionalmente, a alguna gente rara nos encanta.

Estas son las fotos de la excursión.


9 sept. 2014

Sierra Nevada. Cahorros del Monachil (22/jun/2014)

Para la excursión del segundo día de nuestro fin de semana anual 2014 en Sierra Nevada no se había concretado nada porque el pronóstico del tiempo era incierto. Efectivamente, amaneció con bastante viento y nubes, por lo que decidimos bajar hasta Monachil para recorrer los cahorros del río Monachil cerca del pueblo. Bajamos, pues, por la carretera de la Sierra (A-395) y nos desviamos a la carretera de Monachil (GR-410), en el cruce indicado "Camping El Purche", "10 Monachil". La zona de los cahorros está al este de Monachil, río arriba. Unos 500m después de la salida del pueblo por la GR-410 en dirección a Sierra Nevada está el acceso.

Dejamos los coches en un mirador que hace también de aparcamiento y bajamos al río siguiendo las indicaciones por el camino que discurre entre las casas, con sus huertas y sus árboles. Allí nos ofrecieron cerezas de la zona, oferta que aceptamos a la vuelta, para no ir cargando con ellas todo el camino. Enfrente podíamos ver una de las paredes del barranco del río, con la toma de agua para la producción de energía hidroeléctrica. Tras las casas, salimos a campo abierto, ya muy cerca del inicio de los cahorros. El camino seguía por la ladera y se perdía dentro del barranco. En el inicio del barranco ya había barandas y escaleras excavadas para hacer más fácil el camino. En esa parte ya se aprecia la belleza del río, y poco después apareció la primera "atracción": el puente colgante, un divertido puente colgante, hecho en madera y acero, no apto para los que padezcan de vértigo. Aunque está firme, no deja de moverse durante todo el trayecto y, de hecho, está limitado a cuatro el número de personas que lo pueden cruzar a la vez.
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A partir del puente colgante empieza el tramo más encajonado, el más espectacular de los cahorros, con una erosión espectacular que ha creado un estrecho desfiladero de paredes verticales de varias decenas de metros de altura. El camino está excavado en el margen izquierdo del río y es fácil de transitar, salvo cuando nos encontramos a otras personas en el sentido contrario, porque es estrecho. Tras un breve tramo en el que las paredes están un poco inclinadas, no completamente verticales, se pasa por el segundo trozo de los cahorros, más llamativo aún si cabe, porque está cerrado por arriba, como si el techo estuviera formado por rocas gigantescas que se hubieran caído en un derrumbe. Tras esta parte, bastante corta, hay un segundo tramo encajonado, similar al primero al que se llega después del puente colgante.

Tras ese tramo, salimos a una zona mucho más abierta, donde las chimeneas de hadas son, tal vez, el elemento más llamativo. Poco más anduvimos por ahí. Avanzamos un trecho más hasta un segundo puente colgante, mucho más modesto que el primero, que cruzamos para llegar a una pequeña explanada junto al río, donde tomamos un refrigerio.

La vuelta la hicimos por el mismo sitio. Se ve que ya a esa hora se animó mucha más gente, muy variopinta, algunos con perros, otros con abuelos y abuelas que sorteaban sorprendentemente bien los obstáculos. La vuelta fue, por tanto, bastante más lenta, sobre todo en el puente colgante, donde tuvimos que esperar un buen rato a que nos tocara el turno para cruzar. A pesar de eso, una excursión preciosa. El final del día lo hicimos en el Restaurante El Puntarrón, junto al aparcamiento. Allí rendimos nuestro tributo gastrólatra subiendo varios puntos nuestros índices de colesterol.

Estas son las fotos de la excursión.


4 sept. 2014

Sierra Nevada. Posiciones del Veleta (21/jun/2014)

Este año nuestra excursión por Sierra Nevada no fue excepcionalmente original, entre otros motivos porque solo uno de nuestros queridos amigos de Granada nos pudo acompañar. Por supuesto fue tan bonita y tan placentera como siempre. Subimos al pico del Veleta pero pasando por el barranco de San Juan, en vez de ir por el camino más directo por la ladera que da a la estación de esquí.

La primera idea era haber subido solo hasta las Posiciones del Veleta pero al llegar allí nos dimos cuenta de que era un plan muy conservador: todos estábamos fresquísimos y con ganas de subir un rato más. Subimos por el camino tradicional al pico del Veleta, no como unos locos que vimos después que estaban escalando por la cara vertical, y disfrutamos de las vistas en el pico. El día acompañó, ni frìo ni calor ni nubes, por lo que la excursión fue muy agradable. Como nota curiosa, apuntar que vimos numerosos ciclistas, algunos de los cuales subieron hasta el vértice geodésico con la bicicleta (evidentemente, los últimos metros los hicieron con la bici al hombro).

Seguir Leyendo En la vuelta nos separamos. La mayor parte del grupo volvió por el camino directo y Pied Noir y este su seguro servidor decidimos bajar por el Barranco de San Juan, llegar hasta el río y no perdonar el baño en esa magnífica cascada que habíamos visto a la ida. En el camino nos encontramos con un numeroso rebaño de cabras montesas, que no se asustaron demasiado de nuestra presencia. El plan salió casi bien, excepto por el detalle de la temperatura del agua, próxima al cero absoluto. Yo no pasé de mojarme fugazmente los pies y Pied Noir hizo unas abluciones más que un baño, cosa extraña en él.

Estas son las fotos de la excursión.