30 jun. 2014

Barranco de Jorox (24/may/2014)

Estamos de enhorabuena porque en esta ocasión la crónica ha salido directamente de la mismísima pluma de Pied Noir.

La Excursión que había programada para el mes de Mayo de 2014 era la travesía de la Cueva del Gato. Como la empresa que se dedica a ello había contestado que de momento no se estaban concediendo permisos, y en nuestra excursión de Marzo al terminar en Jorox tuvimos constancia de la existencia de un interesante descenso del barranco del mismo nombre, nos decidimos a recorrerlo como alternativa al recorrido espeleofelino. De manera que el 24 de Mayo nos presentamos en el hermoso pueblecillo para acometer el descenso.

Aunque pasábamos de la docena, a la hora de la verdad el grueso del grupo decidió recorrer una vereda que por la margen izquierda en poco rato lleva a la poza donde termina el descenso habitual del barranco. De este modo, sólo tres valientes nos decidimos a hacerlo. (Aprovechemos para insistir en el término: valientes, porque valientes son los que conociendo el peligro, deciden arrostrarlo; los que valoran un riesgo considerable y pese a ello, se aprestan, son ya osados; y los que infravaloran el peligro y se lanzan, los temerarios; así pues, dejémoslo en valientes o más bien valentines, que ya vale, pues allí nadie se jugó gran cosa, habiendo físico bastante y material adecuado...)

Seguir Leyendo Pues lo dicho, los profesores Mayorga, Cuevas y Fdez Sanmartín, innecesario precisar cuál, nos colocamos los neoprenos y arneses y pasamos al cauce en el mismo pueblecillo. Tras salvar varias pozas, hicimos varios rappeles de escasas altura y dificultad, con calor y poca agua: aunque el nacimiento de Jorox es una magnífica vena de agua constante y abundante, su desvío para riego hace que muchas veces por el río apenas corra el agua, como ese día. Así que en poco rato nos plantamos ante lo que realmente es el punto culminante del descenso, la cascada vertical que 26 metros más abajo forma una estupenda poza conocida como el Charco Azul. Ir por el cauce y de pronto ver que éste parece terminarse, y asomarse a la caída, lo cierto es que impresiona. No es lo mismo contemplar una cascada de 26 metros desde abajo que desde arriba y a punto de descolgarse por ella.

Aunque llevábamos cuerda suficiente, unos amables barranquistas que acababan de bajar nos invitaron a utilizar la suya. Así lo hicimos sucesivamente. Los primeros pasos por la superficie travertínica, con la espectacular caída a nuestra espalda, digamos que acongojaron un poquillo, hasta tomar la debida confianza. Mediado el descenso, se disfruta convenientemente; y cuando llega el último tramo, extraplomado, ya parece que lleva uno toda la vida haciendo descenso de cañones; el final es la inmersión en la poza, grata y necesaria, pues hacía calor.

Una vez realizada la travesía y reunidos con el resto, regresamos a Jorox por la vereda ascendente y ya en el poblado, dedicamos el tiempo restante hasta la hora de comer a recorrer sus vericuetos, viendo varios de los molinos y las preciosas huertas; un lugar en el que se cultivan a la vez cerezos y aguacates, entre otras muchas especies, es un paraíso frutícola especial. Y qué nísperos en su punto de maduración en las ramas de los árboles.

Comimos en Casa Antonio, personaje con cuya conversación volvimos a disfrutar, y nos volvimos a Málaga ufanos y bien alimentados.

Estas son las fotos de la excursión.


Navachica (26/abr/2014)

En abril fue la primera, y única, excursión del curso a la Sierra de Almijara y Tejera. El objetivo era subir al Navachica, largamente propuesto por Teresa e igual de largamente temido por parte del grupo. Temíamos que por diferentes motivos muchos de nosotros íbamos a faltar, pero las altas de última hora igualaron a las bajas y nos reunimos más de una docena de caminantes para subir al emblemático pico. Una de las cuestiones que se trató previamente fue la del camino que se iba a seguir para subir. Como muy bien zanjó Juan Antonio, subiríamos por el camino que conocíamos, el que aparece en el libro "Por las montañas de Málaga", que es el que sube por el fondo del Barranco de los Cazadores casi hasta el final del mismo y deja la mayor parte de la subida para el tramo final (los otros caminos habituales son por la cuerda que va desde el Almendrón hasta el Navachica y por la cuerda que va desde el Pico del Cielo hasta el Navachica).

Otra de las cuestiones previas fue confirmar que el carril hasta el área recreativa de El Pinarillo estaba abierta, para poder subir en coche y evitar andar una parte del camino que se lleva su tiempo y que no tiene tanto interés como la que íbamos a hacer. Así que el punto de partida fue un poco más allá de la mencionada área recreativa. Ese día tuvimos nos nuevos compañeros, "Labri" y "Boe", los labradores de Marga, que se portaron estupendamente a pesar de que la orografía no era la más favorable para ellos.

Seguir Leyendo Como siempre, no dejamos de admirar el barranco de los Cazadores, con sus abruptas paredes. Cuando llegamos al Camino de las Minas constatamos que sigue con los mismos daños que le causó la tormenta de septiembre de 2007, y no tenemos muchas esperanzas de que alguna administración suelte dinero para su recuperación. Por suerte, se puede transitar más bien que mal en la mayor parte de su recorrido, así que el único inconveniente que tuvimos fue un nutrido grupo procedente de Almuñécar al que nos costó adelantar en esa zona tan angosta. Tras terminar el camino bajamos otra vez al cauce donde poco después vimos la indicación del sendero que sube al Almendrón (el destino del grupo de Almuñecar). Nosotros seguimos por el fondo del barranco hasta el final, dejando a la izquierda (al oeste) la parte del arroyo de los Cazadores). En esa parte hay que trepar por algunas rocas en el cauce pero no son subidas muy difíciles.

Ya en el final del barranco iniciamos la subida por la ladera que teníamos a la derecha (al este), apenas indicada por un par de montoncitos de piedra. Esa fue la parte más escarpada del recorrido y, aunque no está señalada, está suficientemente pisada para saber por dónde seguir. Además, desde ahí ya se veía suficientemente bien nuestro destino como para hacernos una idea de por dónde continuar. Cuando llegamos a la parte superior de esa ladera se nos abrió la vista al este, con la cresta que lleva al Pico del Cielo en primer término. El primer tramo de la subida es un poco penoso porque es de piedra suelta y resbala bastante.

Seguimos el camino, marcado por varios pinos grandes, hasta que una parte del grupo se sentó a descansar a la sombra de uno de ellos. Hacía calor, era la hora de comer y pasó lo que tenía que pasar: uno saca unos frutos secos, otros el bocadillo y ya tenemos montados el almuerzo. Esa parada enfrió los ánimos de los presentes, en los que dominó el apetito y la comodidad a las ganas de hollar la cima, así que solo dos decidimos llegar hasta el final, Ana y este su seguro servidor. No quedaba mucho para llegar al vértice geodésico, en una media hora ya estábamos allí. En esa parte no hay ningún tipo de vereda, solo unos cuantos hitos de piedras aquí y allá, pero es verdad que no son necesarios porque no hay oportunidad de perderse. La subida tuvo como recompensa, aparte de la satisfacción, las vistas, casi sin interrupción por todos los lados (Sierra Nevada, la Maroma, Pico del Cielo, etc.).

Recogimos al resto del grupo y volvimos por el mismo camino. Alguno planteó la posibilidad de volver por la cuerda que lleva al Almendrón, que tenía toda la pinta de ser perfectamente practicable, pero decidimos no correr más aventuras. Sin más incidencias reseñables, más allá de encontrar un rebaño de cabras silvestres en la pared de enfrente, llegamos a los coches y nos dimos un pequeño homenaje cervecil junto a las Cuevas de Nerja.

Estas son las fotos de la excursión.