13 oct. 2013

Río Castor (21/sep/2013)

El sábado 21 de septiembre teníamos previsto inaugurar el nuevo curso con una excursión al río Castor, muy apropiada para los calores que todavía padecemos. Es tradicional en este día elaborar el calendario de excursiones para el resto del curso seleccionando las propuestas que cada cual lleve. Igual que ocurrió el año pasado, compromisos de toda índole impidieron a la mayoría disfrutar de un día de campo, de manera que nos fuimos solos Lola, Pepe y la que suscribe, Teresa. No obstante, acudieron al punto de cita los suficientes como para organizar el calendario del curso mientras tomábamos café.

Nos pusimos en marcha, ante la envidia de algunos de los presentes, sin tener muy claro el recorrido que debíamos hacer para llegar al río. Teníamos algunas indicaciones pero ninguno de los tres había visitado nunca el paraje, por lo que al llegar a las inmediaciones hicimos un par de intentos infructuosos, pero a la tercera fue la vencida.

Para llegar al río Castor se debe salir de la autovía A7 poco antes de llegar a Estepona (si se viene desde Málaga, claro). La salida está después de pasar el km 161 y sólo indica "cambio de sentido". Si nos pasamos de largo no es muy grave porque poco después hay otra salida a la "Escuela de arte Ecuestre" que enlaza con la primera.

Justo antes de la salida podremos ver un centro comercial ALDI, y ya en la rotonda existe una gasolinera de BP, que serán buenas referencias de haber tomado la salida correcta.

Dejaremos gasolinera a nuestra derecha y enseguida una rotonda desde la que debemos tomar la carretera que sale a la derecha, con un cartel que indica "C.P. LA ALBERDILLA". La carretera sube entre chalets a lo largo de 3.4 km y lo único que debemos tener en cuenta es no coger ninguna desviación ni a derecha ni a izquierda. Algunos carteles indican lugares equívocos como "paraje del Castor", pero no hay que hacerles caso.
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A unos tres kilómetros del comienzo se acaba el asfalto, justo cuando a nuestra izquierda hay unas antenas e instalaciones de telefonía movil. A partir de aquí continua una pista de tierra que es perfectamente transitable para turismos normales, y unos 400 metros más adelante se alcanza un gran portón de piedras a ambos lados y vigas en el techo, abierto y con un cartel en el lateral derecho que reza: Puerta al Parque Cultural Los Molinos - El Nicio "Camino del Castor".

En el lateral izquierdo del portón, según nuestra marcha hay una señal de prohibido el paso a vehículos coches y motos, (excepto residentes) entre el 1 de junio y el 15 de octubre.

Según pudimos comprobar excepto nosotros, nadie hace el más mínimo caso a dicha señal, entre otras cosas por el muy elevado número de fincas y casas de campo que existen a ambos lados del carril. Unos 300 metros más adelante del portón, pasaremos por debajo de un viaducto de la autopista de peaje.

Seguiremos unos 3 km, siempre siguiendo el carril principal y viendo el río a nuestra derecha, hasta llegar al final de la pista, donde unas señales de tráfico insisten en prohibir el aparcamiento e incluso la parada de vehículos. En el llano que da al río, a nuestra derecha, hay una plantación de palmeras (cocos plumosos).

Bordeamos la plantación siguiendo por un camino estrecho, con una alambrada a la izquierda y el río a la derecha, hasta llegar a una pequeña presa de donde se surte de agua una acequia.

A partir de allí, podemos seguir ya por el río, poco profundo y fácil de transitar, o bien cruzarlo y recorrer un breve trecho subiendo a un camino que sale de la otra margen, justo a la altura de la presa. El camino va paralelo al río, que esta vez llevaremos a la izquierda, y termina a la altura de la primera poza, aquí bajamos al río y no nos queda más que disfrutar del agua y seguir avanzando por el cauce. Algunos tramos (muy cortos) se deben hacer a nado, por lo que es imprescindible llevar la impedimenta en bolsas o botes estancos.

Hasta aquí el cauce estaba excavado sobre peridotitas, rocas que se van disgregando al ser erosionadas, por lo que el río transcurre entre materiales permeables, de ahí su poca profundidad y mayor amplitud del cauce.

En el punto donde empiezan las pozas, el río atraviesa una zona de mármoles, rocas impermeables y solubles en determinadas condiciones. El agua va disolviendo la roca dando paredes verticales y acumulándose en las depresiones, ya que no se infiltra debido a la impermeabilidad de la roca.

En este río, los mármoles ocupan un tramo muy corto, unos 600 metros, dando lugar a una sucesión de charcas separadas por pequeños saltos de agua, algunos difíciles de remontar por lo resbaladizo que resulta el mármol mojado y tapizado de algas.

La mayor y casi última es la "Charca de las Nutrias". Algo más arriba, superada la siguiente poza, se termina el afloramiento de mármol y el valle vuelve a abrirse sobre peridotitas, con un aspecto similar al del curso bajo.

Estas son las fotos de la excursión.


7 oct. 2013

Sierra Nevada. Camino de Ferreirola (23/jun/2013)

Como es habitual, la excursión del domingo de nuestras escapadas de fin de semana a Sierra Nevada son algo ligero, de medio día, para no volver ni muy tarde ni muy cansados a Málaga. Paco había sugerido algo alrededor de Pitres, que se concretó en un recorrido por el camino de Ferreirola, un encantador camino que conecta varios pueblitos de la zona. Nosotros, concretamente, pasamos por Pitres, Mecina, Mecinilla, Fondales, Ferreirola y Busquístar, excepto un grupo de segregados que no llegamos a Busquístar y volvimos por Atalbéitar.

Como el recorrido no era circula, lo primero que hicimos al llegar a Pitres fue acercar coches a Busquístar para no tener que volver andando por la carretera. Una vez volvieron los conductores, bajamos por el camino de Mecina, una estrecha veredita con una pronunciada pendiente y muy frondosa. No tardamos mucho en llegar a Mecina, que se adivinó primeramente por sus tejados y la torre de la iglesia. Las casas tienen la típica arquitectura de la sierra, encaladas, con los techos grises planos, sus particulares chimeneas y unos curiosas áreas cubiertas, similares a zaguanes, pero con otro nombre que nos dijo una amable vecina pero que no recuerdo ahora mismo. Entramos a Mecina por la era, en cuyo centro había una pequeña estatua que parecía intentar concentrar las energías positivas de la sierra y cruzamos el pueblecito para seguir a Mecinilla. Esa parte del trayecto era muy diferente a la anterior, una carretera llana y con los márgenes amplios y despejados. En el camino pasamos por la puerta de un hotel en el que un microbús estaba dejando a un grupo de turistas japoneses.
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Mecinilla tiene un encanto y una arquitectura similares a Mecina, con las casas parecidas, calles estrechas y una linda fuente donde paramos a beber. El camino que va de Mecina a Fondales es otro sendero de tierra, llano y muy frondoso. En Fondales vimos la ermita del pueblo, con una campana encantadora, su fuente, y un buen número de casas con muchísimas flores. El camino de Fondales a Ferreirola es similar a la etapa anterior, un estrecho camino lleno de vegetación al lado de campos sembrados y árboles frutales. Pasamos junto a un gran árbol al lado de un estanque, por un puente que salvaba un arroyo y junto a una acequia, de mucho menor entidad que la del día anterior, obviamente. Llegamos a Ferreirola, donde volvimos a beber de la fuente y nos paramos a descansar un momento junto a la iglesia y el cementerio. Y allí nos separamos. Juan Antonio quería llegar temprano a casa por motivos familiares y Arturo y yo, que habíamos venido en su coche, volvíamos con él. Lo que hicimos fue no ir a Busquístar, sino tomar el camino a Atalbéitar y volver a Pitres.

El camino a Atalbéitar era otro senderito estrecho, también rodeado al principio de mucha vegetación, por el que subíamos recuperando la altura que habíamos perdido bajando de Pitres a Mecina. A pesar de alguna duda en un par de cruces, encontramos a la primera el camino a Atalbéitar, a donde no entramos, sino que solo lo vimos desde los barrios del extrarradio. De Atalbéitar seguimos camino a Pitres, cuyo elemento más reseñable (además de una curiosa señal de tráfico que prohíbe el paso a bicicletas y está tiroteado), es el paso del río Bermejo, por un estrecho barranquito donde, por supuesto, Arturo se dio el baño del día. Cuando llegamos a Pitres miramos el reloj y pensamos que era más cómodo comer allí mismo en Pitres para no tener que volver a parar por el camino. El resto del grupo continuó hasta Busquístar por un precioso camino, a tenor de las fotos que hizo Lola, y de allí volvieron a Pitres en coche. No fue peqeña la sorpresa que se llevaron cuando llegaron al restaurante donde aún estábamos comiendo nosotros.

Estas son la fotos de la excursión.




Sierra Nevada. Siete Lagunas y Alcazaba (22/jun/2013)

La habitual excursión de fin de curso a Sierra Nevada de este año se planteó alrededor de Capileira. Allí dormiríamos (Apartamentos Capileira). Los apartamentos no estuvieron ni bien ni mal, sino todo lo contrario, tenían lo suficiente para dormir bien un par de noches y como apenas estuvimos más tiempo en ellos, no echamos de menos ninguna comodidad. El sábado, a las 9, tras desayunar, subiríamos en el autobús hasta el Alto del Chorrillo, desde allí caminaríamos hasta Siete Lagunas - Alcazaba, o Mulhacén y vuelta a Capileira en el autobús a las 17 horas, por lo que los que subieran a la Alcazaba tendrían que ir ligeros. Para el domingo se planteó una excursión menor: Capileira - Cebadilla - Abuchite - Capileira, con posibilidad de ampliarla hasta Bubión; o Capileira - Capileirilla - Pitres; o cualquier otra de nivel similar.

Llegamos el viernes por la tarde noche y cenamos todos juntos, celebrando el reencuentro con nuestros amigos de Granada. Hasta ahí todo bien, pero el sábado por la mañana nos encontramos con una sorpresa desagradable: la empresa que gestiona el autobús hasta el Alto del Chorrillo había cambiado el horario del autobús sin dar explicaciones ni comunicárnolos de ninguna manera, así que en vez de las nueve salía a las ocho y media y en vez de volver a las cinco y media volvía a las cinco menos cuarto. Que tuviéramos que terminar el desayuno como pollos y correr a los apartamentos a por las mochilas no era el inconveniente principal, sino que el adelanto de la hora de vuelta hacía más difícil llegar hasta la Alcazaba y volver a tiempo a coger el autobús.
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Con los planes ya trastocados, Marcelo y Teresa subieron en el coche del primero hasta la Hoya del Portillo a dejar el coche en el aparcamiento, por si resultaba útil a la vuelta. El resto nos montamos en el autobús, recogimos a Marcelo y Teresa en el camino y continuamos en el autobús hasta el Alto del Chorrillo. Allí empezamos el camino hasta Siete Lagunas, por el serpenteante camino que lleva hasta la cima de Mulhacén, flanqueados por el este por el barranco del Trevélez y por el oeste por la cuerda del Veleta. Algunos empezaron a cortar entre las curvas del camino y se saltaron las indicaciones del desvío a Siete Lagunas, por lo que unos fuimos por el camino más corto (por el que había un par de neveros enormes que tuvimos que cruzar) y otros dieron un rodeo y aparecieron por lo alto de la Cuerda del Resuello. Finalmente, nos reunimos arriba de la Laguna Hondera y bajamos hasta ella. Como no podía ser de otra forma, Siete Lagunas estaba espectacular: verdisima en la parte de abajo, alrededor de la Laguna Hondera y las Chorreras Negras y con un montón de nieve por la parte superior, con la mayoría de las lagunas heladas.

Al pie de la Laguna Hondera estuvimos discutiendo sobre qué hacer, continuar hasta la Alcazaba significaba con toda seguridad no llegar a tiempo al autobús de vuelta y una buena caminata hasta volver hasta el coche de Marcelo. La conclusión fue hacer dos grupos: el más numeroso se quedaría en la zona de Siete Lagunas y subiría por la ladera hasta que les apeteciera y los otros seguiríamos hasta la cima de la Alcazaba y ya tendríamos tiempo de arrepentirnos cundo volviéramos.

Así, Arturo, Teresa, Lola, Marcelo y su seguro servidor iniciamos el camino hacia la Alcazaba. Como había tanta nieve tuvimos que dar un rodeo, circunvalamos el Peñón del Globo por el este hasta llegar a la cuerda que conecta la parte alta de Siete Lagunas con la cima de la Alcazaba. Muchos neveros por el camino, que suponían un esfuerzo extra y un riesgo por el que teníamos que extremar el cuidado al cruzarlos. Teresa y Lola no quisieron llegar hasta la cima y se quedaron en el otro extremo de la cuerda, junto al Puntal de Siete Lagunas, encima de Siete Lagunas. Tras volver de la cima de la Alcazaba, nos reunimos con Lola y Teresa y decidimos bajar a Siete Lagunas directamente, bajando por la pared que hay desde el Puntal de Siete Lagunas hasta el valle. El camino era muy vertical, literalmente de vértigo, pero suficientemente seguro como para que no fuera una temeridad lo que estábamos haciendo.

Una vez abajo, nos acercamos a ver algunas de las lagunas, que estaban heladas en su mayoría, como he referido antes, y volvimos hacia la Laguna Hondera, donde había mucha gente, algunos con tiendas de campaña dispuestos a pernoctar allí. El inicio del camino de vuelta fue por donde el mismo sitio, cruzando otra vez por los mismos neveros hasta llegar a las indicaciones que marcan la separación entre el camino al Mulhacén y el camino a Siete Lagunas. En ese momento no teníamos claro cuál iba a ser el camino de vuelta. Por un lado, Marcelo tenía grabado en el GPS una ruta que iba por la acequia baja hasta Capileria, y por otro lado, Marcelo había hecho otro recorrido similar que iba inicialmente por la acequia alta y después bajaba a la baja para llegar al pueblo, pero no recordaba exáctamente dónde había que salir de una acequia a la otra. Mirando el mapa, Arturo vio que la acequia alta cruzaba el camino de subida del autobús muy cerca de donce Marcelo había aparcado el coche, por lo que decidimos escoger esa alternativa, que era más corta y evitaba que Marcelo tuviera que subir después por el coche.

Así que a partir de ese momento el objetivo era llegar a la acequia alta, y Marcelo y Arturo decidieron que lo íbamos a hacer por el camino más corto. Para que los distinguidos lectores de este humilde blog se puedan hacer una idea, seguimos el mismo camino que habría hecho un barril si lo hubieran tirado en dirección a la acequia. Fue duro, una bajada de casi 3 km con un desnivel de más de 700m, de casi los 3000m hasta los 2200m, a un ritmo muy vivo, y teniendo que cruzar una bendita turbera. Llegamos a la acequia, unos más muertos que vivos y empezamos a andar junto a ella. Hay que resaltar la magnífica obra de ingeniería que es, y la precisión que tiene, apenas pierde 100m de altura en los 6 km que anduvimos junto a ella. Por supuesto, Arturo se dio un baño para el que los demás declinamos la invitación (el agua estaba helada y temíamos que se nos hiciera de noche). Durante el camino estuvimos tentados de bajar a la otra acequia, incluso Arturo le preguntó a un cabrero por la posibilidad, pero mantuvimos el plan inicial de seguir por la acequia alta hasta el camino. Llegamos al camino cuando el sol acababa de ponerse y salía una hermosa luna llena por el horizonte en frente de nosotros y Marcelo subió el kilómetro que nos separaba del aparcamiento a por el coche, nos recogió y nos llevó al pueblo, donde fuimos felices, nos dimos una buena cena y nos tomamos una merecida copa antes de retirarnos a descansar para el siguiente día.

Estas son las fotos de la excursión.