12 ago. 2009

Río Almanchares (13/jun/2009)

Para junio buscamos una salida que nos permitiera evitar el calor propio de la época, así que se decidió hacer un recorrido acuático. Esta vez iba a ser bajar el río Almanchares, en el Parque natural Sierra Tejeda y Almijara, entre Canillas del Aceituno y Sedella.

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Dejamos los coches en un pequeño llano junto a una curva de la carretera entre Canillas del Aceituno y Sedella (MA-4105), justo al lado de un puente sobre el río. Ahí aparcan los coches quienes van a una pequeña área recreativa, el Pilarillo La Rahige.

La primera subida fue bastante incómoda, es muy escarpada y no hay un buen sendero, sino un pequeño camino mantenido por el paso de los anteriores visitantes, pero nada más. Por suerte, no es muy larga y en menos de media habíamos llegado a la caseta que marca el fin de la subida.

A partir de ahí, el camino se transforma en un sendero que llanea y baja ligeramente hasta el río. El sendero se construyó para hacer una toma de agua del río al pueblo. Poco después de la caseta, se pasa una curva que nos descubre el encantador barranco del río, con sus paredes altas y escarpadas, habituales en esa sierra, como cuando intentamos subir el Almendrón.

Uno de los tramos del sendero transcurre excavado en la pared de la montaña, estrecho y con una baranda con un aspecto muy frágil como única protección, lo que hace bastante emocionante el paso por esa parte. A partir de ahí, el sendero es más seguro y empieza a bajar suavemente hacia el río, que está a menos de un kilómetro.

El punto al que llegamos al río es muy agradable, con una poza en la que darse un buen baño. Una parte del grupo no tenía intención de bajar el río con las cuerdas y se quedó allí disfrutando del agua y el entorno. Los que íbamos a bajar, remontamos un poco más el río. El inicio fue otra ascensión, incluso más antipática que la primera, empinada, sin camino y resbalazida (incluso alguna piedra salió rodando para abajo). Afortunadamente, tampoco fue larga. Seguimos andando un poco más hasta que otra vez desembocamos en el río.

A partir de ahí empezamos el descenso. Cada uno con su arnés, su mosquetón y su ocho y dos cuerdas, para intentar aligerar un poco el descenso. El agua no estaba muy fría, lo que permitió que incluso alguno pudiera hacer el descenso sin neopreno.

El descenso fue muy divertido, sin mayor dificultad técnica (éramos más de uno con muy poca o nula experiencia en eso de los rápeles), con más de una docena de saltos. Tras los primeros saltos llegamos al sitio donde nos esperaban los que no habían querido subir. Comimos todos juntos y seguimos el descenso hasta llegar al área recreativa donde estaban los coches.

Estas son las fotos de la excursión.

Hay una descripción muy buena del recorrido en esta página del IES Los Manantiales.

En esta otra se ofrecen otras alternativas para llegar al río desde el pueblo.



Pico del Viento (16/may/2009)

La salida de mayo estaba planeada para ser de todo el fin de semana. El sábado se recorrería el pinsapar de Bellina desde Puerto Saucillo y dormiríamos en la Fuensanta y el domingo subiríamos desde el Puerto del Viento a la cumbre Viento, un recorrido más corto, para terminar no tarde y regresar a Málaga.

Sin embargo, por motivos personales, nuestro anfitrión para la noche del sábado no pudo acogernos en su casa y redujimos el plan a andar el sábado lo que estaba previsto inicialmente para el domingo.

Seguir LeyendoDejamos los coches en la carretera entre Ronda y El Burgo, cerca del puerto del Viento, y desde allí empezamos el camino hacia el puerto de los Empedrados, siguiendo las indicaciones de Andrés Rodriguez. El primer hito según subíamos la ladera hacia el puerto fue la fuente de la Alberquilla, con un pilón muy bien conservado. Desde ahí ya se podía intuir un tramo de los restos del antiguo camino a El Burgo.

Siguiendo ese camino llegamos hasta el puerto de los Empedrados, donde hicimos una primera parada para reagruparnos y contemplar el paisaje que ofrecía el cambio de vertiente. Allí pudimos ver los restos de la casa de natal del bandolero Pasos Largos y estuvimos buscando la llamada Cueva de Pasos Largos, pero sin suerte.

Nos dirigimos entonces al Pico del Viento, en la próxima Sierra Blanquilla. Tropezamos otra vez con una de las numerosas alambradas que ponen tantas puertas a nuestros campos y no encontramos ninguna portilla para pasarlas dignamente, lo que nos obligó a reptar bajo ella como lagartijas para cruzarla. En el camino nos encontramos con algunos restos de antigua presencia humana, como un nevero, las ruinas del cortijo de Botina y un pozo. Desde esta zona podíamos ver la Sierra de las Nieves, con la figura característica del Peñón de los Enomarados recortada en la silueta.

En la ascensión al Pico del Viento, tuvimos que volver a cruzar la misma alambrada que habíamos pasado antes, otra vez a las bravas, porque tampoco en esa ocasión encontramos una portilla que nos facilitara el paso.

En la cumbre pudimos ver Ronda y la sierra de Grazalema como parte del paisaje que se abría hacia el norte (y la monstruosidad de Los Merinos). Tras comer en la cumbre, volvimos a los coches, pero lo hicimos bajando por la vertiente contraria a la que habíamos subido, dirigiéndonos directamente a la carretera donde estaban los coches, muy cerca del Puerto del Viento.

Estas son las fotos de la excursión.

Nota: Al norte de la carretera A-366 está el Cerro del Viento, que no es el Pico del Viento que subimos. En algunos mapas al Pico del Viento se le llama Blanquilla, por estar en Sierra Blanquilla.

Descripción geológica

Como muchas de las elevaciones que destacan en la zona, el Cerro del Viento está constituido por calizas de edad jurásica, es decir, que se depositaron en el mar entre 200 y 145 millones de años atrás y posteriormente fueron desplazadas desde el sur hasta su posición actual a causa de la colisión entre la placa de Alborán y la Ibérica. Desde el punto de vista tectónico, pertenecen al complejo Subbético Interno.

Se trata de rocas de color grisáceo, muy fracturadas y plegadas, por lo que en superficie están karstificadas dando lugar al característico lapiaz, con dolinas y cavidades. Desde la base del cerro se aprecia claramente que los estratos de caliza no están horizontales, sino que forman un pliegue sinclinal muy suave, con los flancos poco inclinados.

En el camino de descenso se atraviesa una formación conocida como “capas rojas”. Se trata de una serie, muy extendida por la zona, de calizas y margocalizas formando estratos muy finos intensamente plegados, que dan lugar a espectaculares estructuras. Lo más notable es que estas rocas, que se encuentran debajo de las calizas jurásicas, pertenecen al Cretácico superior, es decir, se depositaron hace unos 90 – 65 millones de años. Lógicamente, en el momento del depósito se encontrarían en un nivel superior, pero la colisión entre las placas dio lugar a la formación de mantos de corrimiento con el consiguiente desplazamiento de unas formaciones sobre otras.

En el corte geológico adjunto, los colores azules corresponden al Jurásico, el verde pálido bajo el manto de corrimiento representa al Cretácico y el púrpura al Triásico (periodo inmediatamente anterior al Jurásico).



Andrés Rodriguez cuenta la ruta en su blog La Serranía Natural.