22 feb. 2009

La Concha, Sierra Blanca. (14/feb/2009)

El sábado 14 de Febrero, día de San Valentín, volvimos a La Concha. Dícese volvimos porque ya habíamos estado, casi todos para sacarnos una espina que se nos clavó una tarde de hace no menos de quince años, cuando la niebla nos la jugó. En aquella ocasión, 9 miembros del Seminario Minero llegamos hasta el Cerro del Lastonar y allí fue donde la niebla se cerró tanto que, tras muchas vueltas, indecisiones, dudas y vacilaciones, decidimos tirar para abajo a través del matorral y así fue que tras varias horas bajo una fina pero contumaz lluvia, atravesamos el Guadalpín y terminamos por llegar, ya de noche, a Marbella finalmente. Ese mismo año volvimos casi todos a La Concha para atisbar por dónde erramos y por dónde hubiéramos debido regresar si la niebla no nos lo hubiera puesto tan complicado. De aquella memorable ocasión, este día de San Valentín volvimos 5, Arantza, Ernesto, Juan Antonio, Teresa y Arturo; el resto de los excursionistas fueron Lolas Peña y Gálvez, Diego, Marcelo, Ana, María Victoria, Julen, Esteban y Pepe Laserna. Trece valentines, a La Concha en tiempo seco.
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Salimos del Refugio de Juanar, tras tomar café y pan con aceite y llegamos con los vehículos hasta la verja que impide el paso a tales, sobre los 850 m de altitud. Tomamos el carril que va en dirección al Sur, hacia el Puerto de Marbella, para dejarlo pronto, a la altura del Olivar de Juanar, donde está el Cortijo del mismo nombre; allí empieza el camino, perfectamente señalizado durante todo el trayecto, que por cierto, es el que figura en el famoso libro Por las montañas de Málaga, titulado, cómo no, La Concha. El camino serpentea por el amable pinar de Monterrey hacia el Oeste hasta torcer otra vez al Sur ganando altitud con fiereza, siendo ya una vereda abrupta y un tanto inapropiada para la conversación. Alcanzado el cordal, un collado al pie del cónico cumbrero del Cerro de la Cruz de Juanar, el camino toma ya la dirección Oeste por entre el matorral de la solana, dando vista al mar (y a la inmensidad marbellera hiperurbarnizada).

Caminando sobre los 1100 m de altitud, el camino, muy marcado y transitado, va buscando el collado que lo hace pasar a la otra vertiente, dando una maravillosa vista al Norte, con la Torrecilla nevada, el valle de río Verde, etc. Perdiendo algo de altura, el camino se aferra a la ladera norte del cordal, volviéndose cornisa en algunos tramos; es la zona llamada Salto del Lobo, una de las más bellas del recorrido, sólo algo peligrosa si la roca está mojada. Tras salvar este tramo, el camino vuelve por otro collado a la vertiente Sur, ciñéndose ahora a la ladera del Lastonar; este cerro es el punto más alto de la zona, con 1279 m., y hasta su cumbre se acercó el que suscribe para divisar el panorama encontrándose dos sorpresas, un par de cabras monteses y una avioneta estrellada en un barranco debajo de la cumbre, resto de un triste accidente.

A partir del Lastonar, el camino hasta La Concha pierde algo de altitud y gana bastante emoción, pues a ratos son cornisas sobre medianos abismos, lapiaz y grandes sabinas acompañadas de magníficos palmitos. Este tramo hace avanzar despacio a los más cautos e hijos del llano y triscar a base de zancadas ágiles a los de ancestros más montaraces. Pero la cumbre nos reúne y allí, a sus hermosos 1214 m, con sus fantásticas vistas del mar y del embalse de Istán, siendo las 13.30 nos pusimos a comer, a hora casi europea.

No estando Pepe Mayorga (además de otras ausencias significativas) fue Ernesto el que primero se puso la mochila, y al poco empezamos a volvernos; desanduvimos el camino plácidamente, conversando al sol sabatino hasta llegar al collado que dejamos al pie de la Cruz de Juanar, allí la mayoría tomó el descenso hacia del pinar, pero Lola Gálvez, Teresa, Marcelo y servidor jadeamos durante un cuarto de hora para alcanzar la cumbre (1.181 m) desde la que se completa el panorama de esta preciosa sierra. Descendimos por la vereda del Este hasta el carril principal, por el que regresamos a los vehículos y de allí al refugio, donde merendamos suavemente antes de volver a casa.

Estas son las fotos de la excursión.