23 mar. 2007

Los Infiernos del Genil y Sierra Martilla (10/mar/2007)

Esta vez fueron nuestros amigos de Granada (Pepe, Ramón, Antonio, Ana, Noni y Javier) los que hicieron de anfitriones a los caminantes de Málaga (Ernesto, Arantza, Teresa, Arturo, Pepe Caballero, Lola Peña, Jose María, Antonio y Javier) y nos prepararon una excursión por dos preciosos lugares del Poniente Granadino, los Infiernos del Genil, muy cerca de Loja, y los dólmenes de Sierra Martilla.

En primer lugar fuimos a Los Infiernos del Genil. Llegamos a ellos a través de Loja, saliendo por la calle Molinillos a un camino de tierra que transcurre por el margen del río. Tras algo menos de dos kilómetros aparcamos los coches y avanzamos un poco hasta llegar a una zona donde el río discurre encajonado por un pequeño cañón en el que hay numerosos saltos de agua. Según una de nuestras geólogas de guardia, esa zona podía haber sido el resultado de un derrumbe de una o varias cuevas. De hecho, sigue habiendo cuevas y leyendas de almas en penas en ellas. Aunque la zona era muy bonita, la cantidad de basura dejada por las avenidas del río ensombrecía notablemente el paisaje.
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Para llegar a los dólmenes de Sierra Martilla volvimos a los coches y cogimos la carretera A4154 en dirección a Priego de Córdoba. Tras 16 km llegamos al pueblo de Ventorros de San José y de allí nos dirigimos al área con los restos arqueológicos.

Aparcamos en un olivar al pie de la sierra y desde allí subimos al yacimiento. Los dólmenes están muy bien conservados y la vista desde allí era magnífica. En un mirador un plano explica los nombres de las sierras que se ven desde allí.

A continuación seguimos por cumbre dando un agradable paseo por el bosque hasta llegar al extremo de la montaña, con vértice geodésico incluido, desde donde la perspectiva incluía el embalse de Ínzajar, Ínzajar y Rute.

A la vuelta a los coches vimos otros restos, unas piedras talladas como ruedas de molino, pero nadie fue capaz de dar una explicación convincente de cómo las hicieron, cómo pensaban moverlas y qué uso les darían.

En estas dos páginas también se explican ambas excursiones.


Estas son las fotos de la excursión.


16 mar. 2007

Ruta por los bosques de Abies maroccana de los montes del Rif Occidental de Marruecos (25/feb - 3/mar/2007)

1. Descripción de la ruta

A lo largo de siete días hemos recorrido una parte de las montañas del Rif de gran belleza y enorme interés paisajístico, botánico, humano y geológico.

Salimos de Málaga el día 25 de Febrero, domingo a las 6 de la mañana en un microbús que nos llevó a Tarifa donde tomamos un barco que en menos de una hora nos desembarcó en Tánger. Allí otro microbús nos trasladó a Chaouen después de recoger al guía. Mohamed El Kahoiji, en el cruce de Tetuán. Comimos en Chaouen, chez Fouad y hacia las cuatro de la tarde (después de cargar los equipajes en un todoterreno que los llevaría al albergue, operación repetida todos los días) empezamos a caminar hacia Mechkralla. Se comienza en Chaouen a unos 585 m de altitud y se asciende por la ladera de los montes que dominan esa población hasta 1.045 m en un collado a partir del cuál descendimos hacia Mechkralla situada a unos 855 m de altitud y después de una marcha de 9 Km. El albergue muy bien (en un apartado posterior hablaré de ellos).

El lunes 26 hacia las 8 de la mañana comenzamos a caminar por terrenos calizos con encinas y abundante matorral mediterráneo muy familiar para nosotros. A lo largo de unos 10 kilómetros ascendimos de los 855 m de Mechkralla hasta un collado a unos 1655 m al Este del Jbel Tissouka. A partir del collado comenzamos el descenso por un precioso bosque de Abies maroccana que ocupa la cara Norte y en el que había ejemplares verdaderamente notables: muchos con alturas que rondaban los 30 m. Medimos uno que tenía 6,5 de perímetro (a 1,10 m del suelo). Muy cerca de a cumbre descubrimos un tejo (Taxus baccata) espléndido de unos 4 m de perímetro, pero conforme descendíamos vimos muchos más. También acebos (Ilex aquifolium), grandes enebros (Juniperus oxycedrus),sabinas (Juniperus phoenicea), arces (probablemenete acer opalus subespecie granatense). Ya en la parte baja magníficos ejemplares de pinos. Llegamos al albergue de Azilane al atardecer después de caminar unos 20 km.

El martes 27 hacia las 9 horas salimos de Azilane a 1.200 m de altitud por un pinar de Pinus nigra y Pinus pinaster para ir recorriendo varias laderas con un excelente bosque galería con durillos (Viburnum tinus), madroños (Arbutus unedo), enebros (Juniperus oxycedrus), sabina de Marruecos (Tetraclinis articulata), boj de hoja grande (Buxus baleárica), encinas (Quercus ilex), coscoja (Quercus coccifera), algunos quejigos (Quercus canariensis) ... En este bosque galería encontramos un cráneo casi completo de mono (Macaca sylvanus).

Hacia el mediodía llegamos al Puente de Dios, puente natural en una hoz caliza de paredes verticales donde fue improvisada una deliciosa comida caliente, tajin y huevos con tomate. Sorprendente.

Después de comer iniciamos el ascenso de una empinada ladera (desde 475 a 1200 m de altitud en sólo cinco escasos kilómetros) de encinas, durillos y madroños en la que se estaban realizando labores de repoblación forestal, pinos y algarrobos. La última parte del recorrido la hicimos a la luz de las linternas y la luna. Fueron en total unos 27 o 28 km hasta Taourarte a 1180 m de altitud. El albergue regular, luego diremos por qué.

El miércoles 28 salimos hacia las 9 h. de Taourarte (1.180 de altitud) entre pinares de Pinus nigra y Pinus pinaster, con algunos ejemplares espléndidos, y campos de cultivo de Cannabis sativa en laderas de mucha pendiente. Subimos por un encinar hacia el santuario de Sidi Jel. Seguimos ascendiendo por la ladera Norte del Parque de Talassemtane, primero entre pinares luego entre abetos (Abies maroccana) con valles bellísimos. Hacia la parte alta (collado a unos 1.680 de altitud) hay buenos ejemplares de cedro (Cedrus atlantica), tejos (Taxus baccata), grandes enebros (Juniperus oxycedrus), arces, etc. Desde el collado comenzamos el descenso del Parque por su cara Sur, también poblada de grandes abetos, quizá porque está protegida por otro monte a su vez con abetos en su cara norte. Hay también muchos tejos. Pudimos observar una colonia de monos (Macaca sylvanus) que tomaba plácidamente el sol en un lapiaz. Al atardecer llegamos a Amemtrasse (a 1.060 m) tras unos 23 ó 24 kilómetros de marcha.

El día 1 de Marzo, jueves, subimos la ladera situada al Sur para luego bajar, por una enorme pendiente, hacia Cherafat donde comimos y en taxi fuimos al albergue (u hotel con encanto) de Dardara (magnífico).

El día 2 de Marzo, Viernes, un grupo fue a Chaouen por el alcornocal y el otro en taxi. Pudimos visitar la Alcazaba y su museo, comimos, compramos etc. Por la tarde en microbús a Tánger y el sábado 3 tomamos el barco hacia Tarifa donde nos recogió el microbús de regreso a Málaga.

Como conclusión debemos decir que la ruta nos pareció magnífica y recorrer los bosques de abetos es absolutamente inigualable. Hay que tener en cuenta que los abetales son corrientes a partir del Pirineo pero que al Sur ya sólo tenemos los de la Serranía de Ronda y, más al Sur, éstos del Rif. Sin duda ésta es la máxima atracción de la ruta, al menos para los que tienen interés por los bosques. Pero además, desde el punto de vista paisajístico es también excepcional.

Hemos recorrido a pie más de 100 kilómetros con desniveles acumulados de unos 3.500 m (que hay que subir y bajar). Probablemente el recorrido del martes desde Azilalane a Taourarte pasando por el Puente de Dios debería hacerse en dos etapas: Azilane- Puente de Dios pernoctando en el pueblo cercano y Puente de Dios- Taourarte.

2. El Grupo

Es importante describirlo, aunque sea someramente, pues de sus características depende la posibilidad de hacer la ruta.

Éramos diez, contando con el guía de Ismalar (Isra). Los otros nueve eran cuatro biólogos (Pepe, Pilar Ernesto y Arantza), dos geólogas (Teresa y Lola Y), una médica (Lola P), una informática (Leny) y una estudiante de medicina (Irene). Excepto la última, todos próximos o sobrepasando la cincuentena de años o incluso más. Es un grupo acostumbrado a andar, a sobreponerse a la fatiga, a pasar calor, frío y lluvia cuando los recorridos lo merecen. Es un grupo que se queja poco de las incomodidades. Pero eso sí, esta acostumbrado a andar deteniéndose en cada árbol, arbusto, flor, piedra, valle, collado, casa, río, etc, etc que lo merezca. Para verlo bien o para fotografiarlo, o para gozarlo.

3. Los albergues y hoteles

Desde el punto de vista que podríamos llamar la “logística” hay unas condiciones mínimas que este grupo desea en las excursiones:

  1. Transporte del equipaje a los albergues para andar exclusivamente con la mochila “de día”. Condición que se ha cumplido.

  2. Servicios sanitarios y duchas o hammam en los albergues (en algunos nos hemos aguantado con el cubito de agua caliente y el jarrito). Creemos que los sanitarios tradicionales “placa turca” cumplen mejor las condiciones de higiene que los “europeos”. No sabemos si un pequeño hammam supone un gran gasto de leña que contribuya a esquilmar aún más algunos de los bosques que hemos visto, en caso contrario sería interesante.

  3. Camas, o mejor colchonetas, aunque no sean gruesas.

  4. Que al llegar al albergue nos preparen la cena y el desayuno por la mañana.

  5. Que exista algún sistema de calefacción, sea estufa, chimenea u otro.

Luego hay otros aspectos como emplazamiento, limpieza, integración en el entorno, etc. que también pueden valorarse. A modo indicativo puntuaremos de 0 a 10 cada una de ellas.

  • Mechkralla 8

  • Azilane 7

  • Taourarte 4

  • Amantrasse 4

  • Dardara 10

  • Continental 9

4. El guía

Mohamed El Kahoiji nos ha parecido, globalmente considerado un buen guía. Bastante buen conocedor de la zona y con mucho interés por ampliar sus conocimientos biológicos y geológicos. Debería informar más exactamente en cada ruta de la distancia, desniveles de subida y bajada y tiempo total.

Parece un joven muy reflexivo, culto y nada frívolo. Con un dominio más que aceptable del español, del francés y, al parecer, del inglés. Probablemente muy interesado en la alternativa turística de los montes del Rif, muy implicado en ello, hasta el punto de suplir las deficiencias de algunos albergues con su trabajo (¡al final del día!).

5. Ismalar

Buena organización de los servicios de microbús, barco, hoteles, fronteras, comidas en restaurantes etc. No puede achacarse a Isra la culpa de las deficiencias en los dos albergues y de la excesiva longitud de una de las excursiones porque la varió el guía “sobre la marcha”. Lo mejor que puede decirse es su invisibilidad gestora pues todo nos lo encontrábamos hecho.

Ernesto Fernández Sanmartín y Arantza Plazaola Rezola


Estas son las fotos del viaje.


1 mar. 2007

Nacimiento del río Guadalmedina (10/feb/2007)

Esa mañana, fresca y nublada, nos reunimos Ernesto, Arantza, Arturo y Teresa por parte de los autores, Pilar, Pepe Caballero, Roberto, José María, Javier, Deli y Roberto por parte de los meritorios y Curro como nueva adquisición. Del Reino de Granada nos honraron con su presencia Pepe Terrón, Antonio Romero y Ana.

El objetivo era visitar los llanos donde nace el río Guadalmedina, un lugar precioso que sirve para reivindicar un pobre río al que se le mira por encima del hombro por la autovía de las Pedrizas y se convierte en un cauce seco a su paso por Málaga, sólo lleno de agua embarrada cuando la presa del Limonero no puede aguantar más en días de lluvias fuertes.
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La ruta que escogimos para llegar a nuestro destino transcurre por la sierra de Camarolos de sur a norte, ascendiendo el curso inicial del río, primero por un barranco con numerosas pozas y saltos de agua y después por terreno menos empinado hasta llegar a los llanos donde nace el río.

Al inicio de la excursión se accede desde lo que creemos que es el antiguo camino de Alfarnate a Antequera, que era la comarcal MA-115 y ahora ha sido redenominada como A4152. Para llegar hasta allí desde Málaga capital se sube al norte por la autovía de las Pedrizas (N-331) hasta la salida de Casabermeja (en el kilómetro 523, marcada como Casabermeja, Colmenar, Villanueva de la Concepción) y allí se coge la A-356 hacia el este en dirección a Colmenar y Riogordo. Tras unos 9 kilómetros se llega al cruce con la A-7504 (antigua C-340) hacia Villanueva de Cauche y Alfarnate y unos 2'5 kilómetros después se llega al cruce con la A-4152 (antigua MA-115). Se sigue por esta carretera en dirección a Alfarnate hasta un carril que hay en la parte izquierda un poco antes del kilómetro 16 (la salida coincide con un mojón que indica el kilómetro 523 de la antigua MA-115 y está flanqueada por eucaliptos).

Se toma ese carril, con firme de gravilla, y tras unos 2 km pasando por olivos y cereales se encuentra el río, que pasa entubado por debajo del carril, y se puede ver la sierra de Camarolos y el barranco por el que desciende el Guadalmedina. En ese momento dejamos los coches, pues es por ese barranco por donde ascenderemos. Seguimos un poco por el carril hasta llegar a unas casas (¿el cortijo de Juana María?) y justo antes de ellas nos echamos al monte hasta llegar a un camino a media ladera que lleva hasta el barranco y acaba en una caseta de traída de aguas.

A partir de ahí continuamos el ascenso por una vereda marcada pero muy estrecha que llegó a resultar incluso peligrosa porque la lluvia de los días anteriores había dejado barro y era muy resbaladiza. El Guadalmedina discurre mientras tanto por nuestra derecha con numerosas pozas y saltos de agua entre abundante vegetación. En el ascenso entramos en un primer encinar que nos acabó llevando a la mayor y más espectacular de las cascadas que vimos ese día y a partir de donde el camino se hace notablemente más llano. En ese tramo tuvimos que cruzar una primera valla (funesta manía la de ponerles puertas al campo) y seguimos caminando un rato, ya con las paredes calizas del cerro del Realengo a nuestra izquierda, y a la derecha un bello encinar que mostraba restos de un antiguo incendio. Tras llanear durante un rato, a la altura de una de estas paredes rocosas, viramos a la derecha y cruzamos el río y una segunda valla para andar por un bonito encinar que había en la margen contraria del río. Seguimos por el encinar por un camino poco visible, sin alejarnos de los riscos del Realengo y acabamos por dejar el río a nuestra derecha y volver a cruzar la segunda valla para dirigirnos a la parte final del camino.

En ese momento el río gira a la izquierda (hacia el noroeste) en la base de una cresta a través de la cual accedimos a los llanos donde están las turgencias que dan el primer caudal al río, flanqueados por imponentes paredes de rocas, muy verticales en la parte norte, con notables ejemplares de hiedra cubriendo muchos de ellos. Al fondo de este valle se veía, mejor dicho se adivinaba, por lo niebla que nos acompañaba, el cerro de la Cruz, desde cuya cumbre se dispone de magníficas vistas a ambas vertientes. Nuestro objetivo inicial no era esa cumbre, sino el cerro del Realengo, desde el que pretendíamos disfrutar de las vistas que se tienen del valle alto del Guadalmedina y el corredor de Colmenar. Sin embargo, era la hora de comer, estaba nublado y hacía viento y frío, por lo que buscamos el abrigo de algunas rocas para almorzar. Como el cobijo no fue muy bueno, decidimos que no teníamos suficientes ganas de coronar el Realengo, desde donde sí que parecían ver otros amigos con los que coincidimos allí, e iniciamos el camino de regreso.

La vuelta no la hicimos exactamente por el mismo camino. Para empezar, no cruzamos el río, sino que volvimos a la primera zona llana pegados a la base de las paredes de roca y cruzando un precioso quejigal que había en la base de éstas. Un rato más tarde, más o menos a la altura en que cruzamos el curso del río, encontramos un abrevadero de 5 cuerpos de roca tallada. La parte final no la hicimos por el margen del río, como en la ida, sino por un camino más alto a través de encinares. Finalmente, llegamos a la carretera pero después de las casas que nos habían servido de referencia para empezar la subida.

Esta misma excursión está mucho mejor explicada en el itinerario 32 (Nacimiento del río Guadalmedina) del libro Por los Ríos de Málaga, de los que algunos miembros del grupo son autores. Aunque, por supuesto, no es un paraje desconocido, como lo demuestran los numerosos cartuchos de escopeta que ensucian el paisaje, no hemos encontrado muchas descripciones de este recorrido por la misma ruta. En la SEO de Málaga proponían una salida que con el mismo camino para observar aves, de la ofrecen una sucinta descripción. En www.portalaxarquia.com proponen una excursión por la Sierra de Camarolos - Hundidero y hacen referencia a la zona donde nace el Guadalmedina. En la web del Patronato de Turismo de la Costa del Sol, también ofrecen un recorrido por la Sierra de Camarolos y Hundidero donde se incluye otra propuesta para ascender al cerro de la Cruz, con un recorrido muy similar al que hicimos nosotros.

Éstas son todas las fotos de la excursión.